Argentina y el TPP

Artículo publicado en Bastión Digital el 5/04/2016

 

Argentina y el TPP

Uno de los anuncios más resonantes de la Cancillería argentina tras la visita de Barack Obama fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo refuerza la intención del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP). ¿Está Argentina preparada para encarar esta negociación?

Tras la visita de Obama, uno de los anuncios más resonantes de la cancillería argentina fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo, si bien solo establece áreas de cooperación e interés común, refuerza la intención anunciada semanas antes respecto de la ambición del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP).

Mientras que el gobierno puede haber considerado oportuno el timing de su anuncio en función del contexto político y económico local, en el plano internacional debe considerarse cómo se constituye el tablero de la negociación, cuáles son sus reglas y cuál es la condición en la que se encuentra Argentina para encarar dicho proceso.

Y es que el TPP no es simplemente un acuerdo de libre comercio. Tras varios años de negociación, este acuerdo fue firmado formalmente en febrero de 2016 entre 12 países –EEUU, Australia, Canadá, Japón, Malasia, México, Perú, Vietnam, Chile, Brunei, Singapur y Nueva Zelanda- que conjugan aproximadamente el 40% del PBI global. En sus 30 capítulos y poco más de 650 páginas, se disponen no sólo las reglas de acceso a mercados para el comercio de bienes, sino también compromisos en materia de administración aduanera y facilitación del comercio, así como la liberalización del comercio de servicios, servicios financieros, comercio electrónico y entrada temporal de personas de negocios. El tratado profundiza los compromisos de OMC en materia de defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias y obstáculos técnicos al comercio. Incorpora a su vez un capítulo destinado a garantizar las protecciones a inversiones de un Estado parte en el territorio de otro, y otro capítulo específico para la protección de la propiedad intelectual. Se incluyen también aspectos relativos a las telecomunicaciones, la contratación pública, la regulación de la competencia, el disciplinamiento de las empresas del Estados, cuestiones laborales y ambientales. Se establecen disciplinas comunes incluso sobre los procesos regulatorios de los Estados, y la transparencia en los procesos administrativos y judiciales. Sobre ese conjunto normativo es que la Argentina pretende negociar. No es solo el acceso a mercados, sino una agenda extensa de regulaciones “más-allá-de-la-frontera”, un tablero en el cual la Argentina ha incursionado poco y nada en el ámbito internacional.

La primera cuestión refiere a las reglas del juego. Debe notarse que el acuerdo no está en vigor. Es decir, no ha recibido aún las ratificaciones necesarias y le esperan arduas discusiones en los legislativos de los principales países firmantes. Se requiere que hayan pasado dos años y al menos 6 países signatarios originales -que reúnan el 85% del PBI de tal grupo- ratifiquen el TPP para que este entre en vigor. Sólo entonces podrá Argentina llevar adelante su adhesión, suponiendo que para ese entonces ha resuelto la manera de hacerlo en el marco del MERCOSUR. Según lo establecido en su artículo 30.5 el TPP está abierto a “(b) cualquier otro Estado o territorio aduanero distinto que las Partes puedan acordar, que esté preparado para cumplir con las obligaciones de este Tratado, sujeto a los términos y condiciones que puedan ser acordados entre el Estado o el territorio aduanero distinto y las Partes, y previa aprobación de conformidad con los procedimientos legales aplicables de cada Parte y el Estado o territorio aduanero distinto adherente (candidato a la adhesión).” En gran medida se trata de un “tómelo-o-déjelo” en el cual las reglas del juego disponen que sólo hay margen para alguna flexibilización en los plazos pero no en las metas, y que requiere del acuerdo y ratificación de cada Parte integrante del acuerdo.

La segunda cuestión nos remite a la delimitación de un interés en común. Toda negociación comercial requiere en efecto que exista un área de interés en común en la cual las partes puedan sacar provecho a través de una acción cooperativa. Aquí, mientras que Argentina ha deslizado su intención de ingresar al acuerdo como una forma de redefinir su inserción internacional, no ha existido una respuesta semejante de la/s contraparte/s. Esta asimetría de intereses fortalece la posición negociadora de los países signatarios del TPP frente a cualquier posición de Argentina. Simplemente, su “mejor alternativa al acuerdo negociado” (conocido como BATNA por sus siglas en ingles) –incluso su status quo actual- es muy superior a la de Argentina. Esta diferencia se acentúa si se considera que la composición de las canastas de bienes exportables argentina no es complementaria con los principales países del TPP, sino que más bien tiene –en términos de Stiglitz- “ventajas comparativas en el lugar equivocado”.

La última cuestión a considerar son los recursos o competencias que presenta Argentina para la negociación. La diferencia en el tamaño del BATNA, mencionado en el párrafo anterior, ya origina una situación desventajosa para la Argentina. Por su parte, si bien el poder de mercado del país se ve fortalecido por la pertenencia al MERCOSUR, la capacidad que tiene Argentina para hacer promesas o amenazas en términos de su mercado en el proceso de negociación es relativamente más baja a la de la contraparte. Asimismo, debido al crecimiento de la aplicación de medidas de  administración del comercio de 2009 a esta parte, el país carece de un poder blando significativo que pudiera aplicarse a una negociación comercial.

Desde la perspectiva de las negociaciones comerciales internacionales, la situación de Argentina frente al TPP parece más adversa que ventajosa. La segmentación de la agenda –a través de la cual se elijan aquellas áreas en las cuales el país necesita negociar de aquellas que no- y el reagrupamiento de las contrapartes –que permita una situación de poder relativo diferente- pueden resultar estrategias más provechosas para el país. Se requieren jugadas que en el plano de las negociaciones reduzcan las asimetrías que Argentina enfrenta y puedan generar mayores espacios para acuerdos de mutua conveniencia, en los cuales el país pueda mantener márgenes para sus políticas de desarrollo antes que la adhesión a un paquete cerrado de instrumentos que difícilmente se adapte a sus necesidades económicas y sociales.

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Una nueva geometría: desafíos de política exterior para el gobierno de Macri

Artículo en co-autoría con Esteban Actis, publicado en Bastion Digital el lunes 14/12/2015

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Una nueva geometría

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular las tres relaciones bilaterales estratégicas de la Argentina: Estados Unidos, Brasil y China. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El proceso electoral del 2015 no fue ajeno a una tendencia recurrente de las elites política argentina: se planteó una vez más la necesidad de “refundar” la política exterior  y de “reinsertar” a la Argentina en el mundo; a la vez que se acotó la discusión a aspectos micro de la agenda. Estas lecturas han ignorado, por un lado, que la política exterior no comienza en tabula rasa,  sino que más bien los desafíos son identificar continuidades y ajustes. Por otro lado, la política exterior argentina viene sufriendo un lento pero firme proceso de reestructuración de sus relaciones centrales. Mientras que hasta finales del siglo XX el dilema argentino versaba en cómo resolver el “triángulo” de relaciones entre Estados Unidos (potencia global) y Brasil (líder regional), el siglo XXI complejizó el esquema, al introducir un nuevo vértice en la otrora relación triangular: China. En ese contexto, el futuro gobierno de Macri no solo hereda una estructura de relaciones externas que tendrá que descifrar y rearmar -a partir de nuevas preferencias políticas- sino también una serie de temas de agenda, que en mayor o menor medida dependerán de cómo se prioricen esas relaciones.

El lado “EEUU-Argentina” en el nuevo rombo que estructura las relaciones externas, es el que más debilitado se encuentra a finales de 2015. Durante los años de CFK el vínculo con EEUU vaciló entre momentos de crisis y recomposición, encontrándose en el primero desde mediados de 2014. El hecho de que el gobierno de Obama no mediara ante la decisión de la Corte Suprema de mantener firme el fallo del juez Griesa, tal como lo esperaba el gobierno argentino, enfrío la relación y la dejó durante los últimos meses en uno de sus puntos más distantes. Esta distancia se retroalimentó por parte de los EEUU por la expectativa de cambios que podría dar lugar el proceso electoral.

En cuanto a la relación con Brasil, cabe señalar la pérdida de intensidad relativa en los últimos años tanto en la dimensión económica como política. La última visita estrictamente bilateral de las mandatarias data del año 2013, y son conocidas por todos las diferencia que han existido en materia económica entre los dos gobiernos, especialmente debido a los contextos restrictivos que ambos países afrontan.  Sumado a ello, en el plano político, la crisis brasileña y el escenario electoral argentino provocaron cierta parálisis de la agenda bilateral. Así, si bien este contexto indica un debilitamiento del vértice con Brasil, la densidad del vínculo y la interconexión de agendas se ha mantenido, matizando el impacto de los problemas de la coyuntura.

En tanto los dos vínculos mencionados anteriormente fueron declinando, el vínculo con China tuvo el recorrido opuesto, ganando relevancia económica y política. Esta intensificación ha obedecido a la visualización por parte de la Argentina de China como un canal de financiamiento que oxigenaba la restricción externa, y como una fuente de inversiones que permitía dinamizar la economía doméstica. Por parte de China, Argentina era una nueva periferia a explorar en su expansión global y particularmente una forma de asegurar el acceso a determinados recursos necesarios para cumplir las metas del plan quinquenal. La complementariedad económica coadyuvó a la retroalimentación de la relación.

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular estas tres relaciones bilaterales estratégicas. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El primer lugar lo ocupa, como lo ha venido haciendo durante las últimas transiciones de gobierno, el de la inserción financiera internacional. En ello el nudo es la resolución del tema holdouts, habida cuenta que para el gobierno de Cambiemos la (re)inserción financiera argentina es un imperativo, y de no resolverse el resultado será el no abaratamiento de las tasas de interés a las cuales el país puede tomar crédito. Durante los últimos años el gobierno de CFK ha optado por evitar la negociación con los acreedores, oxigenar las finanzas vía China, y comenzar de manera incipiente un proceso de vuelta a los mercados privados de capitales a través de la emisión del BONAR 24, aunque con tasas mayores a las de los países vecinos. El interrogante que se plantea frente a un eventual retorno al sistema financiero (vía pago holdouts) es cuál es el ajuste  que el flamante gobierno está dispuesto a hacer para acceder a créditos de bajo costo. La resolución de este tema favorece además un acercamiento hacia los EEUU, debido a una normalización con Wall Street y al acatamiento de la jurisdicción norteamericana, y debilita en términos relativos los vínculos con China, basados hasta el momento en instrumentos financieros no tradicionales (swaps).

La postura que se adopte frente a los holdouts impacta a su vez en otros foros vinculados a las finanzas internacionales en los que participa Argentina. Dos temas heredados son la participación de Argentina en el G20, con una visión más social que financiera, y la propuesta de un marco regulatorio de reestructuración de deuda soberana en las Naciones Unidas. En estos puntos la incógnita es dilucidar si el gobierno de Macri, quien se muestra menos revisionista del sistema internacional que sus antecesores, utilizará estos foros para incrementar poder en términos autonómicos, o serán espacios de adscripción al status quo y mostrarse así como un buen ejemplo de “periferia moderna”.

En cuanto a las relaciones comerciales internacionales Macri enfrenta un momento de transición donde el avance de los acuerdos megarregionales y el discurso del “regionalismo del siglo XXI” impactan fuertemente en los escenarios de negociación de la Argentina. Por un lado, en la OMC, erosionan las bases de las negociaciones de la Ronda Doha e impulsan una agenda de acuerdos en materia de facilitación de comercio, servicios, bines ambientales, etc. El plano regional, este enfoque empodera el esquema de la Alianza del Pacifico frente al MERCOSUR. A ello se le suma la necesidad de rediseñar los instrumentos de política comercial externa aplicados, en función del fallo del Panel de la OMC “Argentina – medidas que restringen las importaciones” conforme el cual en el mes de diciembre se deberán eliminar las famosas DJAI. El perfil que plantea el gobierno de Macri, de apuntar hacia una mayor liberalización comercial vía flexibilización del MERCOSUR y desregulación del comercio exterior, aparece en el plano externo como una situación de “win-win”. Una decisión de ese tinte sería bien recibida tanto en Brasil (donde fortalecería al “bloque liberal”) como en EEUU (quien impulsa una realineación hemisférica), y no generaría costos en la relación con China (debido a que no impacta en la complementariedad comercial). Sin embargo, las dificultades aparecen en la mesa doméstica, donde la combinación de ganadores y perdedores de la última década se vería trastocada.

La agenda de seguridad, en particular la problemática del terrorismo, viene en ascenso en el plano internacional y probablemente obligue al gobierno de Cambiemos a tomar algún tipo de posición. Dado la tradición diplomática de Brasil y la defensa en los últimos años de la no injerencia en los asuntos internos de los otros Estados, así como el rechazo a la vía militar como instrumento de combate contra el terrorismo, el gigante sudamericano es probable que mantenga una posición autónoma y distante frente a este escenario. Argentina si decide continuar la visión sostenida por el país durante los últimos años, tendrá mayores puntos de encuentro con Brasil, continuará fortaleciendo el peso de la región sudamericana en el escenario internacional como un interlocutor alternativo a las visiones del norte. Si por el contrario, Argentina decide apoyar discursivamente y en las acciones la lucha de las potencias occidentales contra el ISIS, se produciría un mayor acercamiento a los EEUU.

Asimismo cabe considerar los desafíos de Macri en la región latinoamericana, en términos de cooperación política. Es evidente que la retórica del presidente electo en contra del régimen de Maduro es un elemento nuevo en la política exterior de la Argentina. El desarrollo de este tema es clave en el rediseño de las alianzas a nivel hemisférico. El reclamo por la aplicación de la cláusula democrática contra Venezuela es claramente un guiño de Macri hacia los EEUU. De concretarse la propuesta del nuevo gobierno, esa podría ser una forma de ganar poder político en el escenario internacional; de lo contrario los costos son elevados. Sin embargo el éxito de esta iniciativa no depende tanto de la Argentina, sino de cómo se resuelvan las tensiones presentes al interior de la coalición de gobierno en Brasil. Si en Brasilia priman las visiones cercanas a Maduro, el veto de Brasil a cualquier iniciativa contraria a Venezuela frustraría la propuesta de Macri tanto vía UNASUR como vía MERCOSUR, generando ruido en la región.

Por último, la atención de esta agenda internacional no debe desplazar los desafíos que la política exterior enfrenta también en el diseño doméstico. Si entendemos a la política exterior como política pública, la cual tiene efectos redistributivos en distintos actores de la sociedad, y si reconocemos que el accionar externo del estado excede a la propia cancillería, los desafíos que se le plantean a Susana Malcorra, quien asumirá la dirección del Palacio San Martin, son múltiples. Entre ellos sobresalen adquirirexpertise política en el manejo burocrático, y en la articulación con la sociedad civil y mercantil; y lograr coordinar desde la cancillería el accionar de los otros ministerios en el plano externo. También asumir, en el caso de que Macri reniegue de la diplomacia presidencialista, un mayor liderazgo político en el escenario internacional.

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El MERCOSUR en debate: “La agenda de los pesimistas”

Artículo de opinión publicado en el suplemento Comercio Exterior del Diario La Nación, el 19 de mayo de 2015. http://www.lanacion.com.ar/1793908-la-agenda-de-los-pesimistas

El futuro del Mercosur

La agenda de los pesimistas

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la hipotética flexibilización para que los socios del bloque negocien acuerdos comerciales de manera individual? Aunque las cuestiones pendientes son muchas, un análisis equilibrado debe contemplar los logros para los países y empresas

Por Julieta Zelicovich  | Para LA NACION

En las últimas semanas tomó impulso el rumor de que el Mercosur podría flexibilizar su postura respecto de la negociación de acuerdos extrazona y avanzar cada país de manera individual en esquemas bilaterales, o bien en esquemas de geometría variable con países extrazona. En los hechos esto significaría dar marcha atrás con la resolución 32/00 y con gran parte del espíritu con el que se constituyó el bloque regional. Cabe recordar que el Tratado de Asunción estableció como uno de sus propósitos “la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económico-comerciales regionales e internacionales”; este propósito no podría ser plenamente cumplido de avanzar la propuesta que algunos sectores –empresarios y gubernamentales– impulsan en Brasil, Paraguay y Uruguay, y que tiene mucho menor eco en Venezuela y la Argentina.
Estos sectores, pesimistas del devenir del bloque regional, miran en cambio con ansias hacia otras regiones (Europa y Asia) y hacia otros procesos de negociación y apertura del comercio (los acuerdos del TPP y TTIP). Arguyen que de ese modo, celebrando nuevos acuerdos comerciales, obtendrán mayores mercados para sus exportaciones. El lector no debe ser ingenuo: estos resultados no serían automáticos ni lineales, ni tendrían el mismo efecto para todos los sectores económicos. Claramente habría ganadores y perdedores en una apertura arancelaria profunda con Estados Unidos y la Unión Europea, o con los grandes jugadores de Asia Pacífico.

Por su parte, lo que los pesimistas no miran, o bien miran pero no ponderan, son los aspectos en los que efectivamente el Mercosur sí funciona y que podrían ponerse en riesgo de avanzarse en esquemas bilaterales que profundicen la erosión del arancel externo común y de las normativas comunes del bloque. Y es que los procesos de integración sólo logran transformarse en realidad cuando son incorporados a la vida de los ciudadanos y empresas de los territorios involucrados, y el Mercosur ha hecho un buen recorrido en ese sentido.

Así, a pesar de las dificultades en la coordinación de políticas entre los gobiernos del bloque, puede apreciarse entre los países miembros una “generación” de empresas para las cuales el Mercosur es una parte constitutiva de su negocio. Durante la última década el comercio intrazona exhibió una llamativa estabilidad: osciló entre el 13 y el 16% del total de las exportaciones de los países del Mercosur, con un valor promedio de 14%. Este porcentaje no obstante no se dividió en todos los socios por igual, sino que por ejemplo el Mercosur ha sido para la Argentina y Paraguay mucho más importante que para Brasil y Uruguay, cuyas empresas priorizan otros mercados (y de allí su interés en avanzar por fuera del bloque regional).

Por otro lado, es preciso destacar cuál es la composición del comercio al interior del bloque. En efecto, los intercambios intrabloque se distinguen por presentar una mayor agregación de valor que el resto de las exportaciones de las mismas economías.

Conforme a datos de la Aladi, para 2013, las manufacturas representaban 72,7% de las ventas de la Argentina al Mercosur, pero sólo el 33,1% de las exportaciones de este país al mundo. Para Brasil los valores son 83,3% en Mercosur, y 35,9% en las exportaciones totales. En Uruguay, las manufacturas son 56,9% de las ventas al bloque, pero 23,2% en las totales. Y por último, en el caso de Paraguay se constata un 8,08% en el Mercosur, y 11,5% en las totales.

El Mercosur como zona de libre comercio y como unión aduanera tiene una amplia agenda de política comercial pendiente para lograr los objetivos propuestos, pero ello no puede opacar la importancia que tiene actualmente el bloque regional para numerosas empresas de los países que lo componen -muchas de hecho, argentinas– y su potencialidad para lograr no sólo crecimiento, sino desarrollo de las economías, en función de las posibilidades que ofrece su mercado para la exportación de bienes con valor agregado. Estas cuestiones no deberían olvidarlas -ni ocultarlas– los pesimistas del Mercosur.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales. Becaria Posdoctoral del Conicet. Profesora de la Universidad Nacional de Rosario

Multilateralismo Vs Ley de la selva

Les comparto este artículo de Florencia Carbone (suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación, 27/01/2015), para el cual fui consultada sobre los 20 años de la OMC

Veinte años de la OMC

Multilateralismo versus ley de la selva

Aun cuando en el último tiempo el organismo vio caer su credibilidad por la demora en cerrar acuerdos, sigue siendo el gran foro de negociación y escenario de resolución de conflictos comerciales; el papel de la globalización y la fragmentación

Por Florencia Carbone  | LA NACION

 
Caricatura: Alejandro Álvarez

Si fuera un matrimonio, habría festejado sus “Bodas de porcelana” -ése es el elemento que según la tradición simbolizan los 20 años de unión-. En este caso se trata de la Organización Mundial del Comercio (OMC), institución que hoy reúne a 160 países y que casi haciendo honor a las características de la porcelana -dura, impermeable, resonante, de baja elasticidad pero altamente resistente al choque térmico- conmemora su fundación esforzándose por adaptarse a una realidad bien diferente de la que se vivía en enero de 1995. Veinte años después, el mundo está claramente más interconectado y al mismo tiempo, más fragmentado; con más (y algunos nuevos) protagonistas y definitivamente con una redistribución del poder que encuentra a los países emergentes sentados a la mesa principal.

Pero, ¿qué es la OMC? En la página oficial la definición describe que, ante todo y esencialmente, es un gran foro de negociación: una organización para liberalizar el comercio; un foro para que los gobiernos negocien acuerdos comerciales; un lugar para que resuelvan sus diferencias comerciales.

En este contexto, ¿cumplió la OMC con las expectativas de los comienzos? ¿Cuáles han sido -y cuáles son- los principales aportes de una estructura que en los últimos años perdió peso y credibilidad por causa de negociaciones eternas e inconclusas (como la Ronda de Doha, que empezó en 2001) y el surgimiento de los llamados megaacuerdos?

Félix Peña advierte que para evaluar los aportes que ha hecho y que podría hacer la OMC, se deben tener en cuenta la cantidad y calidad de cambios que se dieron en el mundo en los últimos 20 años y que generaron una realidad internacional que cada vez se vuelve más dinámica y compleja.

A la hora de enumerar los cambios más relevantes, señaló la redistribución del poder mundial y el protagonismo creciente de los emergentes -“aunque en realidad varios son re-emergentes”, aclaró-; la mayor conectividad entre los mercados y, de modo especial, la fragmentación de la producción en múltiples modalidades de cadenas de valor transnacionales -“por algo fue la OMC la que instaló el concepto de hecho en el mundo, sin el cual será cada vez más difícil entender el comercio y las inversiones entre los países”.

El director del Instituto de Comercio Internacional destaca tres aportes principales:

  • Las disciplinas colectivas en el comercio internacional. “Lejos de ser completas ni menos aún perfectas, sería difícil aspirar a ello en un mundo que es y seguirá siendo caracterizado por la distribución desigual de poder entre naciones que al menos formalmente son soberanas, las reglas y mecanismos de la OMC, provenientes en buena medida del período del GATT, permiten hoy un cierto orden en la aplicación de políticas e instrumentos nacionales que pueden incidir en el comercio mundial de bienes y servicios. Y eso es algo que conviene tanto a países grandes con intereses comerciales e inversiones muy diversificados a escala global, como a los con menor capacidad para imponer sus principios y reglas de juego en el comercio mundial.
  • La transparencia en las políticas e instrumentos que aplican los países a su comercio internacional. “En buena medida se logró a través de su revisión periódica con participación del conjunto de los países miembros de la OMC y con un activo papel del secretariado.”
  • Asegurar un sistema que permite abordar y resolver disputas que surgen entre los países miembros como consecuencia de un eventual y aparente incumplimiento de los compromisos asumidos.

En el ejercicio, Peña incluyó la variante “un mundo sin la OMC”. “Es fácil imaginar el cuadro de situación de no existir el sistema multilateral de comercio: un escenario en el que predominaría la “ley de la selva o, lo que es lo mismo, de el o los países con más poder relativo”.

Desde Brasil, Welber Barral, ex secretario de Comercio Exterior durante la presidencia de Lula Da Silva y actual director de Barral & Asociados, explica que las condiciones que permitieron la creación de la OMC no volvieron a repetirse.

“En 1994 había un consenso ideológico respecto del valor de la liberalización comercial; un liderazgo claro -de la Unión Europea y Estados Unidos-, y la perspectiva de crecimiento económico. Estos factores posibilitaron la creación de una organización con una estructura institucional compleja, pero donde las decisiones deben ser por consenso. En un mundo fragmentado, esto más que difícil, resulta imposible. Se hicieron muchos esfuerzos, especialmente en el marco de la Ronda de Doha, pero con pocos avances sustantivos, sea porque el tema agrícola todavía impide concretar la liberalización comercial o porque retos actuales -como la seguridad alimentaria y la crisis del empleo en muchos países- crean pesimismo en cuanto a las concesiones que son necesarias para lograr un acuerdo”, dijo.

EFECTO AZEVÊDO

¿Cambió algo la elección del brasileño Roberto Azevêdo como director general de la OMC? Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad Nacional de Rosario, cree que “si bien Azevêdo logró dotar a la OMC de un poco de aire hacia diciembre de 2013 con el paquete de Bali (el primer acuerdo de facilitación que logra el organismo), el alcance de su liderazgo ha sido limitado. Lo de Bali fue grandemente celebrado porque el horizonte de las negociaciones resultaba muy oscuro, pero en concreto su alcance ha sido escueto y su ratificación por el consejo general, bastante más compleja de lo que se suponía”.

Zelicovich explica que frente a eso, algunos países desarrollados están conduciendo negociaciones alternativas fuera de la OMC (los denominados megaacuerdos regionales), que ello “plantea la duda sobre un potencial desplazamiento de la importancia del organismo y que eso resulta perjudicial especialmente para los países en desarrollo, de menor tamaño, como la Argentina. Sin el amparo del multilateralismo las relaciones se rigen por las diferencias de poder relativo, y son pocas las chances de los pequeños de ver sus intereses reflejados en los acuerdos como los megarregionales. Por su parte, al verse desplazada su capacidad para regular el comercio, la OMC vería afectada sus otras funciones, como la del mecanismo de solución de diferencias”, detalló.

Para Barral, “la llegada de Azevêdo -uno de los más expertos negociadores comerciales- permitió algunos avances en lo que se refiere a la facilitación del comercio”. Sin embargo, señala que aún “falta mucho para lograr acuerdos sustantivos de reducción arancelaria y eso refuerza el riesgo de que la liberalización ocurra solamente en el marco de los megaacuerdos regionales, lo que implica una pérdida de mercado para los grandes exportadores agrícolas, como la Argentina y Brasil”.

Zelicovich destaca que en 20 años, la OMC logró institucionalizar un régimen para el comercio multilateral y que a través del mecanismo de solución de diferencias posibilitó que Estados en desarrollo confronten las políticas de los desarrollados. “Con 160 Estados y más del 95% del comercio mundial rigiéndose bajo el mismo conjunto de principios, el balance resulta en términos generales, positivo. Pertenecer a este organismo parece resultar más atractivo que estar fuera. Ejemplo de eso son las adhesiones de China, en 2001, y de Rusia, en 2012, ambas luego de largos períodos de negociaciones”, agregó.

Así las cosas, a 20 de años del nacimiento de la OMC, quedan tan en claro la lista de pendiente del organismo, como su importante aporte al ordenamiento del comercio mundial. Su capacidad de adaptación definirá el lugar que ocupará en el futuro.

LECCIONES PARA LOS SOCIOS

¿Qué utilidad puede tener el sistema de la OMC para un país miembro, como la Argentina? Félix Peña cree que en los 20 años del organismo, las tres lecciones más relevantes son:

  • La OMC como sistema de reglas y mecanismos que inciden en el comercio mundial sólo puede ser bien aprovechada en la medida en que un país -y no sólo a nivel gubernamental- tenga claro qué quiere y qué puede lograr en sus relaciones comerciales con otros países y regiones del mundo. Lo que normalmente se denomina estrategia-país en el comercio y las inversiones internacionales. Implica definir bien los intereses ofensivos y defensivos y tener una apreciación correcta del valor que el país tiene -por distintos motivos que pueden trascender a los comerciales- para otros países. Ello permite apreciar el margen de maniobra disponible para el cumplimiento de los compromisos asumidos. Apreciar, sobre todo, qué margen tiene un país para no cumplir plenamente con sus compromisos -por cierto que, en tal caso, haciéndolo sin proclamarlo y de manera que no se note-.
  • Para todo eso ello se requiere que el país tenga muy buenos especialistas en las reglas y mecanismos de la OMC. Un país socio que tiene en claro la importancia de conocer bien las reglas de la OMC y sus matices para aplicarlas de la mejor forma a sus intereses, es Brasil.
  • Operar en la OMC implica por parte de un país miembro tener una fuerte vocación y capacidad para tejer alianzas con otros países, tanto a nivel gubernamental, como empresario y de la sociedad civil. Ello también implica un intenso aprovechamiento de la gente con experiencias prácticas en la competencia comercial global y en el sistema multilateral de comercio.

Economía Internacional. Claves teórico-prácticas sobre la inserción de Latinoamérica en el mundo.

Se trata de un libro colaborativo, de acceso libre, gestado en el marco del Proyecto Latin. Reune a 14 autores de diferentes universidades de América Latina, y tiene como principal objeto constituirse en una herramienta de reflexión y análisis sobre las particularidades de los países latinomaericanos en los fenómenos de la Economía Internacional del siglo XXI.

Puede descargarse aquí o a continuación: Economia_Internacional._Claves_teorico-practicas_sobre_la_insercion_de_Latinoamérica_en_el_mundo._CC_BY-SA_3.0í

 

Un final anunciado

Artículo publicado en el suplemento Comercio Exterior del diario La Nación, el Martes 08 de julio de 2014 
Disponible en http://www.lanacion.com.ar/1707955-un-final-anunciado

Queja internacional

Un final anunciado

Cómo afecta a la Argentina la decisión del órgano de solución de diferencias de la OMC por la queja de un grupo de países contra las restricciones a las importaciones

Por Julieta Zelicovich  | Para LA NACION  

En los últimos días, se dio a conocer de manera informal el resultado, negativo para el país, del procedimiento que la Argentina enfrenta en el órgano de solución de diferencias de la OMC por las restricciones a las importaciones. Se trata de un final anunciado, entre otros, en el examen de políticas comerciales que atravesó la Argentina en marzo de 2013, y que ya trajo consecuencias sobre la política comercial y aduanera del país: la derogación de las licencias no automáticas de importación en enero de 2013 estuvo relacionada a esa situación.

El proceso contra la Argentina se inició en mayo de 2012 con el establecimiento de consultas entre las partes, luego de que Australia, la UE, Israel, Japón, Corea, México, Nueva Zelanda, Noruega, Panamá, Suiza, Taiwan, Tailandia, Turquía y EE.UU. presentaran ante el Consejo del Comercio de Mercancías de la OMC una declaración conjunta contra el país. Si bien la vía diplomática permitió posponer la constitución del Grupo Especial hasta mayo de 2013, desde entonces un grupo de expertos analizó la política argentina y las denuncias hechas por las partes. En particular, se impugnan las licencias no automáticas y la declaración jurada anticipada de importación (DJAI); así como los requisitos informales y de compensación impuestos a los importadores, y la sistemática demora o denegación en la validación de las importaciones en función de tales exigencias. Frente a ello, se contraponen una serie de tratados internacionales de los que la Argentina es parte, como el Acuerdo de Comercio y Aranceles de 1994, el de Inversiones vinculadas al comercio, el de Trámite de Licencias de Importación, y el Acuerdo de Salvaguardas. De comprobarse, como ya se anticipó, que la Argentina incumple con estos compromisos, el país contará con un plazo determinado para poner sus normas y prácticas comerciales y aduaneras en conformidad con las obligaciones internacionales, o enfrentar mayores consecuencias.

En ese sentido, el objetivo del mecanismo de solución de diferencias de la OMC es hallar una solución positiva a las controversias, a partir de la supresión de las medidas que se constate que sean incompatibles con las disposiciones de cualquiera de tales acuerdos. Las compensaciones se aplican en el caso de que no sea factible suprimir inmediatamente las medidas incompatibles y sólo como solución provisional. Las retorsiones, por su parte, sólo aparecen si una vez resuelto el panel la parte “condenada” no cumple con la implementación de las recomendaciones del grupo especial. Así, sólo luego del fallo y en caso de incumplimiento podrán las 21 economías demandantes apelar a medidas equivalentes de restricción del comercio contra el país.

Éste es el peor de los escenarios posibles, especialmente para el sector industrial y el empleo. No se trata de socios menores los que podrían tomar estas medidas: en su conjunto explican casi el 25% de los destinos de exportación del país, que a su vez, se concentran en manufacturas. Se trata de un momento decisivo, que evidencia, desde un nuevo escenario -el de la política internacional- el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones. Los costos de mantener estas medidas sobrepasan sus beneficios. Será hora de buscar el tan mentado superávit de la balanza comercio no ya por la vía de las restricciones, sino por la implementación de una política comercial estratégica, que priorice industrias clave, y genere incentivos y mecanismos para una verdadera inserción comercial en el marco de la globalización y las cadenas globales de valor

El MERCOSUR y la crisis del sector automotriz: ratificando el sendero del desencanto

Articulo publicado en Boletim Mundorama – Iniciativa de Divulgação Científica em Relações Internacionais, n°81. Disponible en http://mundorama.net/2014/05/14/el-mercosur-y-la-crisis-del-sector-automotriz-ratificando-el-sendero-del-desencanto-por-julieta-zelicovich/

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El MERCOSUR y la crisis del sector automotriz: ratificando el sendero del desencanto, por Julieta Zelicovich

El MERCOSUR viene atravesando momentos difíciles. Si bien deben reconocerse avances significativos en materia de cooperación política y social en la última década, poco es lo que se ha avanzado en nuevas instancias de integración económica y comercial. La reciente prorroga del Acuerdo de Política Automotriz del Mercosur (PAM) en el marco de una creciente recesión de estos sectores industriales en las dos principales economías lleva a preguntarse acerca del rol de la integración en la evolución del desarrollo de la región. Nuestro argumento es que el bloque regional a la vez que continúa siendo el principal activo en las relaciones externas de los países que lo componen ha perdido potencialidad como articulador de respuestas ante los desafíos (económicos y comerciales) del siglo XXI, siendo la prórroga del acuerdo mencionado un ejemplo de ello.

En sus primeros 25 años el bloque regional atravesó diversas transformaciones: de proceso de complementación económica basado en “mecanismos sectoriales, graduales y flexibles de reducción de aranceles” (Bouzas y Pagnota, 2003: 44), en los 80; a regionalismo abierto, en los 90; y “regionalismo posliberal” a partir del 2001 (Serbin, et. al. 2012). En la década actual el bloque transita un proceso de desencanto. Probablemente motivados por la crisis financiera internacional, los países miembros del MERCOSUR se han enfocado en sus economías nacionales, priorizando sus mercados domésticos y poco han hecho (con la excepción de la aprobación del ingreso de Venezuela) por un fortalecimiento real del bloque. El resultado de estos casi 30 años marca un cuadro de situación donde los cuatro países tienen estrechas relaciones de interdependencia entre sí, las cuales resultan prioritarias respecto del resto del mundo, pero donde a la vez ninguno de los países miembros está dispuesto a ir demasiado lejos en los esquemas de integración profunda.

El principal activo del bloque es su mercado de regional. En materia comercial los efectos del Tratado de Asunción han sido el crecimiento del comercio intrazona a niveles sostenidos, pasando del 7% hacia fines de los 80 al 30% en 2013. Si se considera su composición, estos flujos adquieren mayor relevancia por su agregación de valor. En efecto, resulta concentrados manufacturas (60%), en oposición a la venta de productos primarios y manufacturas de poco valor agregado (70%) que caracterizan las exportaciones de estos países hacia otros destinos. No obstante, en la lista de pendientes restan la constitución plena de un único territorio aduanero, la existencia de una regulación común en materia de inversiones y la resolución de regímenes especiales como el del automotriz, entre otros.

En particular este sector recibió desde el inicio un tratamiento especial, quedando excluido de la zona de libre comercio entre las partes y de las posteriores políticas tendientes hacia la creación del mercado común. La lógica subyacente a esta política sostenía que en tanto MERCOSUR ofrecía para los países la posibilidad de contar como propio un mercado más grande, paralelamente, generaba el riesgo de que en el caso de existir asimetrías muy notorias alguno de los países viera desmantelada parte o toda su industria automotriz (Carrera y Sturzenegger,2000). Así se concibió el régimen específico del sector automotriz, con una estrategia de integración a nivel regional. Conforme señala Lucangeli (2008) en la determinación de la PAM tuvieron un papel central las terminales automotrices (principalmente extranjeras), quienes sostenían la necesidad de operar en un mercado “ampliado”, y protegido a la vez. La industria de autopartes (de carácter nacional) tuvo un notorio incremento a la par de ésta.

El acuerdo establecía ciertas restricciones arancelarias para las importaciones extrazona, y creaba un régimen especial intrazona. Se establecía un margen de preferencia del 100% entre las Partes signatarias del Acuerdo, siempre que satisficieran los requisitos de origen (60%) y las demás condiciones allí estipuladas. El elemento más importante era el de la flexibilidad (flex): un compromiso de equilibrios relativos entre las exportaciones y las importaciones según el cual “ el país que se propusiera concretar el máximo de las exportaciones permitidas por el nivel porcentual de flexibilización acordado para cada año, se compromete a importar del otro país, por lo menos, el nivel mínimo”. Por fuera de esos márgenes, el comercio quedaba sujeto a los aranceles, con la baja de competitividad para los productos involucrados, lo que desalentaba esas operaciones.

Con el tiempo y con las recurrentes prórrogas del acuerdo, el flex quedó definido de manera de que por cada dólar que Brasil importaba por el complejo automotor (autos y autopartes) desde Argentina, podía exportar 1,95 dólar. En tanto que  las exportaciones argentinas hacia Brasil podrán alcanzar un monto equivalente a 2,5 de las importaciones desde ese país.

En los últimos años, el esquema permitió a la industria  incrementar mucho la producción, pero limitó la integración nacional de partes y piezas. En sí el comercio entre Argentina y Brasil se volvió altamente interdependiente, siendo que las exportaciones del primero al segundo explican el 88% de la partida, en tanto que las de Brasil a Argentina, el 75% respectivamente. El problema yace en el saldo de la balanza comercial, deficitaria de manera sostenida para Argentina. En 2013 Argentina si bien tuvo superávit por la venta de autos terminados de 389 millones de dólares, éste no logró compensar el déficit de 2767 millones de dólares que tuvo el comercio de autopartes. Y esos casi 2400 millones de dólares son el eje principal de los 3100 millones de dólares que Argentina tuvo de déficit el año pasado en el intercambio comercial.

Por este motivo, en el contexto del vencimiento del régimen vigente (30/06) la búsqueda de un nuevo acuerdo en el sector automotor, con una tasa revisada de flexibilidad, aparecía como una cuestión central en lo que respecta a la necesidad de alcanzar un equilibrio comercial entre ambas naciones, y repensar el papel del bloque regional en la gestión de las cadenas regionales y globales de valor. Sin embargo el contexto resultó adverso a este proyecto: las negociaciones de política comercial externa en circunstancias de crisis nunca resultaron sencillas, y el caso del régimen automotriz no fue la excepción.

Durante los primeros meses de 2014 la industria tanto en Brasil como en Argentina atravesó un proceso de recesión. Los indicadores del comercio exterior presentaron números negativos para ambos países. En Argentina, la producción automotriz presentó una caída del 26,2% interanual en marzo 2014 donde influyó tanto la contracción de las ventas a concesionarios de origen nacional (-31,7%) como de las exportaciones (-30,8%). Éstas en los primeros tres meses del año acumulan una contracción de 17,8%. En Brasil la caída en la producción del sector automotriz fue del 13,7% interanual e influyó fuertemente sobre el nivel de actividad. Las exportaciones de las manufacturas se contrajeron un 7,1% en el acumulado anual, impulsadas principalmente por la baja de automóviles y autopartes (además de aviones, combustibles, y azúcar). En el caso argentino se encuentra justificada esta caída en una baja general de los sectores industriales, la inflación y las modificaciones en el tipo de cambio. En el caso de Brasil, se conjugan una baja en las expectativas de los consumidores, con el mantenimiento de altas tasas de interés, una suba en la inflación, y una baja tasa de crecimiento.

Así la respuesta de la política frente a esta situación fue el mantenimiento del status quo, prorrogándose un año más el acuerdo, y posponiéndose un año más la discusión de las estrategias de desarrollo conjuntas en el marco del proceso de integración. La contracción del comercio bilateral (entre el 16% y  18% entre enero y marzo 2014) actuó como un contra-incentivo para que Argentina y Brasil pudieran afrontar modificaciones en sus marcos de políticas regionales, aunque fue lo suficientemente vinculante para mantener la situación actual. Como consecuencia, el bloque pospuso, una vez más,  su capacidad de dar respuestas conjuntas a desafíos comunes, ratificando el sendero del desencanto.

 

Bibliografía

BOUZAS, Roberto y PAGNOTA, Emiliano (2003). Dilemas de la Política Comercial Externa Argentina. Buenos Aires: Ed. Siglo XXI.

CARRERA, Jorge y STURZENEGGER, Federico (2000). Coordinación de políticas macroeconómicas en el MERCOSUR. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

LUCANGELI, Jorge (2008). “MERCOSUR: progresa la integración productiva”. Revista del CEI, n° 11, pp 23-39.

SERBIN, Andrés; MARTINEZ, Laneydi; y RAMAZINI, Haroldo (2012). El regionalismo “post-liberal” en América Latina y el Caribe: Nuevos actores, nuevos temas, nuevos desafíos. Buenos Aires: Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (CRIES).

Julieta Zelicovich es doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. ( jzelicovich@yahoo.com.ar)

Oportunidades para las exportaciones

Articulo de divulgación publicado en la edición especial Anuario 2014 de la Revista Punto Biz.

 

Descargar publicación: Columna Zelicovich

Contacto: jzelicovich@yahoo.com.ar

 

Versión completa:

Escenario de oportunidades para las exportaciones de la provincia de Santa Fe.

Por Julieta Zelicovich

Los primeros meses del 2014 muestran una recuperación paulatina de los flujos de comercio a nivel mundial. Se vive un clima distinto al que existía tan solo dos años atrás. Superado lo peor de la crisis los intercambios comerciales van en aumento, a la vez que la comunidad internacional en su conjunto ha decidido reiniciar viejas negociaciones y completar otras nuevas, inyectando dinamismo en los mercados y las políticas públicas. Las expectativas de los organismos internacionales apuntan a cerrar el año con un crecimiento del comercio del 4,7% anual, el doble que lo alcanzado en 2013, y consolidar ese crecimiento en 2015. Las regiones de Asia, Oriente Medio y África se presentan como los mercados más dinámicos en este escenario, seguidos por América Central y del Sur.

Con un horizonte más optimista en el plano internacional, la Argentina se encuentra en la encrucijada de o revisar sus políticas nacionales y sanear sus indicadores macroeconómicos para lograr la tan mentada inserción comercial externa; o bien continuar por la senda –un tanto anacrónica- de la sustitución de importaciones. Históricamente la inserción internacional de la Argentina no sólo ha dependido de las transformaciones del escenario internacional, sino también del plano doméstico. Dos cuestiones resultan centrales en el desenlace de la situación actual: por un lado, el resultado de la ecuación de la variación del tipo de cambio y la inflación sobre la competitividad de los productos exportables (principalmente manufacturas), por otro, el paso de las restricciones de las importaciones a las políticas de promoción de las exportaciones como vía para lograr el superávit comercial. Si la primera de estas cuestiones representa la principal amenaza, la segunda ordena la senda de las oportunidades.

En efecto, desde hace unos meses la opción del gobierno parece ser la de la vuelta a los mercados y el reconocimiento de los nuevos patrones de producción y comercio a nivel mundial. A la par que se han mantenido restricciones a las importaciones, el gobierno nacional ha hecho una renovada apuesta por las exportaciones, la cual se ha plasmado desde enero de 2014 en el PADEX (Programa de Aumento y Diversificaciones de las Exportaciones). Lo novedoso de este programa es que muestra una visión más compleja de las transformaciones del sistema internacional pos-crisis, y pone una una serie de instrumentos de promoción -ferias comerciales, financiamiento y reintegros- en función de dicha visión. El programa pretende alcanzar un incremento de las exportaciones de hasta un 17% agregado en los primeros dos años, así como la diversificación de mercados y la agregación de valor. Estas estimaciones se concentran principalmente en el sector de las manufacturas (agrícolas e industriales), y en una inserción creciente en los mercados emergentes con potencialidades para la Argentina.

Estas son buenas noticias para las empresas santafesinas. La provincia, que ha presentado un crecimiento positivo de sus exportaciones, aunque menor en términos relativos respecto al de años anteriores, puede sacar provecho de estas nuevas políticas y potenciar ciertas tendencias de los primeros meses del 2014. Muchos de los productos de la oferta exportable santafesina se encuentran comprendidos en el PADEX Lácteos, aceites, miel, frutas, pescados, así como medicamentos, insecticidas, bombas, y maquinaria agrícola, son algunos de los productos incluidos en el programa, que cuentan con mayores ventajas para ingresar a los mercados seleccionados. Dejando de lado la concentración de las exportaciones en la soja y sus derivados, algunos datos interesantes que se observaron en los primeros meses del 2014 y que pueden potenciarse a partir de ahora son el crecimiento de la industria alimentaria santafesina, de los lácteos, y de preparaciones a base de cereales y harinas, así como de la del plástico y sus manufacturas.

En consonancia con las tendencias de los mercados globales, África se ha posicionado como un destino de importante crecimiento para las ventas de la provincia. En tanto que con India comenzaron a haber negocios en productos de las industrias químicas y farmacéuticas, sector de importante potencialidad en la zona. Este país además se convirtió en uno de los principales destinos de los aceites exportados de la provincia, luego de que Irán, Europa y África redujeran la compra de estos productos. China, sobreestimada en el imaginario social, explicó sólo el 2% de las exportaciones provinciales de enero y febrero y concentró sus compras en productos con bajo valor agregado (Animales vivos y productos del reino animal, Carne y despojos comestibles, Leche y productos lácteos, y Cereales), conforme el último informe del IPEC. En contracara América Latina fue el principal mercado de las exportaciones de maquinaria santafesina. Brasil, aún con la contracción que presentó en el comercio de vehículos respecto de igual período del año anterior, llegó a absorber el 10% de las ventas santafesinas, principalmente maquinarias y manufacturas industriales.

En un escenario internacional en transformación, con nuevos actores reposicionándose y con distintas dinámicas de negocios, las exportaciones de la provincia tienen mucho terreno por ganar. El PADEX es una orientación en cuanto a los destinos y productos con mayores potencialidades, no obstante el desarrollo de cada experiencia dependerá en gran parte de la capitalización que pueda hacerse de las lecturas de evolución de los mercados. Decodificar las tendencias globales del sistema económico internacional junto a la identificación y explotación de las ventajas competitivas propias, y el aprovechamiento de los recursos disponibles en el entorno, son la clave para crecer vía exportaciones en el escenario actual.

Señales: la OMC, en marcha

Dos artículos de María Florencia Carbone, publicados en el suplemento de comercio exterior del diario La Nación, del 24/12/13, donde participé con algunas lineas de análisis.

http://www.lanacion.com.ar/1650405-senales-la-omc-en-marcha y http://www.lanacion.com.ar/1650452-tiempo-de-reformular-la-agenda

Martes 24 de diciembre de 2013 | Publicado en edición impresa

Señales: la OMC, en marcha

Más allá de los efectos concretos del paquete aprobado en Indonesia, lo más importante que dejó la Conferencia de Bali fue que el multilateralismo aún está vivo; el futuro de Doha y la agenda global

Por Maria Florencia Carbone  | LA NACION

Bali, el sitio donde se firmó el primer acuerdo global en la historia de la OMC, es conocida como la Isla de los dioses. En un paralelismo místico, muchos se preguntaron si, influido por una suerte de “efecto Bergoglio”, así como el papa argentino hizo con la Iglesia, el brasileño Roberto Azevêdo podría despertar al organismo internacional de un letargo que ponía en riesgo el multilateralismo.

Si bien lo que ocurrió en Indonesia indica que al menos se logró aplicar un shock reactivador, lejos de razones espirituales, el consenso alcanzado obedece a presiones bien terrenales.

Julieta Zelicovich, magíster en Relaciones Comerciales Internacionales, becaria del Conicet y docente de la UNR, destaca “al menos cuatro factores”:

 

  • 1) Una superación relativa del pico de la crisis internacional que estalló en 2008. En el camino de recuperación de los principales indicadores económicos, los países han buscado reactivar sus negociaciones externas, tanto en la OMC como en otros foros regionales.
  • 2) El avance de las negociaciones “mega-rregionales” como el TTP (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, por sus siglas en inglés, que incluye a 12 países entre ellos Chile, Perú, México, Estados Unidos, Japón y Singapur) y el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership, el acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea). La marcha de estas negociaciones frente a la parálisis que exhibía la OMC supone una amenaza a la forma de gobierno de las relaciones comerciales internacionales vigentes, sugiriendo que la vía preferencial, discriminatoria, puede resultar más efectiva que la multilateral. Alternativa que resulta perjudicial, especialmente para los países como la Argentina (de menor tamaño).
  • 3) Ninguno de los grandes actores del sistema estaba enfrentando de manera próxima un recambio de sus presidencias. Históricamente las transiciones políticas nacionales en estos Estados ha ido en contra de su voluntad de asumir compromisos en el plano multilateral, y por ende, alcanzar acuerdos.
  • 4) El liderazgo que pudo ejercer Azevêdo en el proceso de negociación, y que entre otros condicionó la conducta de Brasil.

 

Raúl Ochoa, de la Untref, cree que el acuerdo es importante porque permitió “revivir” la OMC y demostrar su gravitación para los temas de la economía y el comercio internacional que requieren soluciones globales.

Pero, en definitiva, ¿cuáles son los puntos sobresalientes del acuerdo?

Ricardo Rozemberg, investigador del Centro de Ideas-Unsam, destaca la reducción de trámites y la simplificación de los procedimientos aduaneros y portuarios (facilitación del comercio), y diferentes aspectos vinculados a la agenda del desarrollo, como la agricultura, el algodón, y algunas ventajas específicas para las economías de menor desarrollo relativo.

Sin embargo, aclara: “La mayor parte de esos acuerdos son parciales y, en el mejor de los casos, sus impactos serán visibles en el mediano plazo. Bali tiene la virtud de haber sido “vendida” como la Conferencia del resurgimiento de la OMC -que hasta pocos días antes de comenzar parecía condenada al fracaso-. Así el mérito no menor de Azevêdo fue encontrar una forma creativa de generar un consenso sobre títulos de temas importantes, pero cuyos compromisos concretos están por verse”.

Félix Peña está convencido de que un fracaso de la Conferencia no era bueno para nadie y, de hecho, cree que “haber evitado el fracaso es de por sí el principal resultado de Bali”.

La Conferencia se pareció a una novela de suspenso.

Los 159 Estados-miembros que participaron del encuentro llegaron a Indonesia en un clima de fracaso anticipado. Sin embargo, la sensación se revirtió de modo sorprendente a las pocas horas de comenzadas las reuniones. Una luz al final del túnel que sólo duraría hasta que India hizo pública su firme oposición.

India exigía poder aumentar sus subvenciones agrícolas y entonces se acordó una primera prolongación de la reunión que debía concluir el viernes 7 al mediodía.

Logrado el consenso con India y cuando todo parecía encarrilado, el freno apareció con sello latinoamericano: en la madrugada del sábado Cuba (acompañada en su reclamo por Bolivia, Nicaragua y Venezuela), se negó a sellar el acuerdo porque se había retirado del texto una referencia al embargo norteamericano sobre la isla.

NUEVA EXTENSIÓN

El sábado 8 por la mañana se encontró finalmente una fórmula que dio vida al primer acuerdo en la historia de la OMC.

Peña opina que el éxito se debe, principalmente a que el documento final logró reflejar los intereses y expectativas de todos. “El mejor homenaje que se hizo que en Bali a Nelson Mandela (falleció dos días antes de que comenzara la Conferencia) fue el recuerdo de una de sus frases emblemáticas, evocada por el presidente de la Conferencia: “Siempre parece imposible hasta que está hecho”, dijo.

Ochoa enfatiza que la facilitación del comercio es el punto central de los acuerdos logrados, “ya que en subsidios agrícolas lo obtenido es una impasse y una cláusula de paz para la seguridad alimentaria sostenida por la India que permite al resto de los países continuar con sus subsidios a pesar de su compromiso para finalizar este año”.

Luego, un mensaje parroquial: “La facilitación tiene un plazo hasta mediados de 2015 para su implementación, esperemos que para esa época nuestro país haya resuelto sus problemas y pueda dejar sin efecto sus actuales restricciones”, comenta Ochoa.

Todo lo ocurrido deja varias lecciones.

“Para que la OMC pueda ejercer cabalmente sus funciones, es imprescindible comprender que hay realidades y necesidades diferentes, que requieren de un marco flexible y comprensivo que las atienda”, dice Ochoa quien se apura a señalar que este “resurgir” de la OMC tiene fecha de vencimiento.

“Lo ocurrido otorga un tiempo para encarar reformas y preparar una nueva agenda que no es ilimitado. Nada hace suponer que se detenga el avance de las negociaciones de los megaacuerdos ya lanzados, pero mientras tanto hay ciertas condiciones objetivas para que un grupo importante de los que prevalecen en la economía y el comercio internacional y trabajen en pos de un temario acorde a estos tiempos y a las cuestiones que ningún megaacuerdo por grande que sea, puede resolver, como las normas medioambientales relativas al comercio y la inversión.”

Rozemberg, agrega: “Bali deja implícito el reconocimiento de que el sistema de Rondas de Negociación basadas en el principio del “single undertaking”, resulta muy difícil de aplicar en un mundo cada vez más democrático, donde los países en desarrollo e incluso los de mayor atraso relativo, ocupan un lugar más importante en el actual contexto político y económico internacional (y por tanto en las negociaciones multilaterales). Dicho de otro modo, la fórmula de avanzar en acuerdos sobre temas específicos, en una agenda mucho más limitada que la que se viene negociando en la Ronda de Doha, luce como inédita en el ámbito de la OMC”.

Queda claro que más que el cierre de un proceso de negociaciones, Bali significa la apertura de una nueva etapa.

Como destaca Zelicovich, el consenso logrado, aun sobre un conjunto acotado de complejos temas, implica un importante grado de legitimación para la OMC que demuestra así que sigue siendo un foro legítimo, con mecanismos eficientes para las negociaciones multilaterales.

Bali no sólo revivió a la OMC sino al multilateralismo. El tiempo dirá si sólo se trató de una falsa mejoría.

HECHOS Y DICHOS

El significado del acuerdo y la visión de los expertos

 

  • Logros
    El “paquete de Bali”.
    El acuerdo alcanzado en Indonesia, es el primero que la OMC concreta desde su creación, en 1995.
  • Efectos I.
    Según el Instituto Paterson de Economía Internacional, con sede en Washington, el acuerdo inyectaría alrededor de US$ 960.000 millones a la economía mundial y crearía 21 millones de empleos (de los cuales 18 millones, en los países en desarrollo).
  • Efectos II.
    El desenlace de la cumbre de Bali es una importante victoria personal para el brasileño Roberto Azevêdo, que dirige la OMC desde septiembre último.
  • De qué se trata
    Doha “light”.

    El acuerdo de Bali, que representa menos del 10% del ambicioso programa de reformas de Doha, tiene tres ejes principales: agricultura (con un compromiso de reducir las subvenciones a las exportaciones); la ayuda al desarrollo, (prevé una exención creciente de los aranceles para los productos procedentes de los países menos desarrollados), y la facilitación de intercambios (pretende reducir la burocracia en las fronteras).
  • Qué piensan
    Roberto Azevêdo.

    El director del organismo internacional, comentó: “Por primera vez en su historia, la OMC ha cumplido sus promesas”.
  • Dilma Rousseff.
    La presidenta de Brasil dijo que el fin de los estancamientos globales se encuentra en acuerdos multilaterales y “no en la imposición de los más fuertes sobre los más débiles”.
  • Simon Evenett.
    El experto en la OMC de la Universidad de St. Gallen, en Suiza, sostuvo: “”Es un acuerdo bienvenido pero limitado. Hemos pasado de ‘Doha’ al ‘Doha Light’, y ahora al ‘Doha Light descafeinado’. No se ha registrado ningún avance serio sobre las subvenciones agrícolas a la exportación, el comercio electrónico o las subvenciones sobre las exportaciones de algodón”.
  • Kevin Gallagher.
    El analista de la Universidad de Boston dijo a AFP: “Es una victoria agridulce. Desgraciadamente, más que hacer honor al multilateralismo, las grandes potencias se van a inclinar hacia los acuerdos regionales para defender las propuestas difíciles que han sido rechazadas en la OMC”.

El temario pos-Bali

Tiempo de reformular la agenda

    

¿Cuál es la agenda pos-Bali? Según Julieta Zelicovich, “comprende la transformación de algunos de los temas de Bali en documentos vinculantes y la resolución del resto del paquete de Doha: las cuestiones de las reducciones arancelarias en bienes industriales, las de acceso a mercados en materia agrícola, la de los subsidios aplicados en agricultura, las referidas a normas como las de antidumping, o indicaciones geográficas. Un paquete más amplio, y complejo, donde el dibujo de ganadores y perdedores es más contrastante que en los temas abordados en Indonesia”.

Además de eso -señala–, la OMC tiene pendientes debates sobre una nueva agenda de temas que afectan hoy al comercio y que sólo tienen abordaje bilateral o plurilateral “con suerte”: cuestiones ambientales, proteccionismo del sector privado, fluctuaciones de precios, etc. “Este paquete máximo difícilmente puede arreglarse en 5 o 10 años, porque requiere de una revisión de las metodologías de abordaje. La experiencia de Bali muestra que es posible adoptar un enfoque escalonado, que deje atrás la idea del single undertaking”.

Respecto del futuro de la Ronda de Doha, Raúl Ochoa es terminante: “Con el formato original ya no es viable. Hay que reinventarla incluyendo parte de los nuevos temas (inversiones, normas medioambientales, cláusulas laborales, compras gubernamentales, políticas cambiarias y subsidios). De no ser así, la OMC lenta pero progresivamente perderá importancia como marco jurídico institucional del comercio”.

Ricardo Rozemebrg, por su parte, señala que habrá que ver en los próximos meses si el formato de negociación de Bali se consolida como una nueva vía para alcanzar acuerdos parciales por parte de la OMC o si se retoma la agenda más extensa y completa que se venía negociando. “Las negociaciones para crear megabloques ponen presión sobre la negociación multilateral. Para algunos analistas, los resultados y avances que estos emprendimientos pueden alcanzar en materia de reglas, disciplinas, inversiones y servicios, podrían actuar en pos de avanzar hacia la convergencia de futuros acuerdos multilaterales en esos temas.”.

¿Hacia dónde van las negociaciones multilaterales de comercio? Algunas consideraciones sobre la Conferencia Ministerial de Bali

¿Hacia dónde van las negociaciones multilaterales de comercio? Algunas consideraciones sobre la Conferencia Ministerial de Bali

Por Julieta Zelicovich

jzelicovich@yahoo.com.ar

Del 3 al 6 de diciembre los 159 miembros de la Organización Mundial de Comercio se han dado cita en Bali, Indonesia, con el objeto de celebrar la novena Conferencia Ministerial de esta organización. Más allá de los procedimientos protocolares propios de la ocasión, el grueso de las negociaciones se centra en el debate de tres temas, que adoptaron el nombre de “Paquete de Bali”: facilitación del comercio, agricultura, y cuestiones del desarrollo. Se trata de una cosecha temprana de la ambiciosa agenda de Doha.

Históricamente las Conferencias Ministeriales de la OMC habían sido ocasiones que llamaban la atención de la prensa y movilizaban a distintas ONG. Sólo unos años atrás, en 1999 pueden recordarse los movimientos anti-globalización en Seattle; o bien, las manifestaciones en México en 2003, que incluyeron la inmolación de un agricultor coreano. Las negociaciones multilaterales de comercio sin embargo han caído en una irrelevancia raramente vista. La prensa prácticamente no se ha hecho eco de las acaloradas discusiones que por estos días están teniendo lugar en Bali y sólo algunos sitios específicos vinculados al comercio agrícola, la seguridad alimentaria y las cuestiones del desarrollo han centrado sus esfuerzos en tales negociaciones; lo mismo que algunas ONG ambientalistas y ruralistas. El desgaste en torno a la parálisis de la Ronda Doha, y la simultánea proliferación de múltiples vías para las negociaciones comerciales han contribuido en este sentido. No obstante, es preciso recordar que el comercio actual está regido en sus fundamentos más básicos por la normativa de esta organización, y de allí su relevancia.

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El paquete de Bali

El paquete de Bali está compuesto por un conjunto de temas que a modo de “cosecha temprana” fueron pensados para darle aire a la decaída OMC.  En su presentación conjuga, por un lado, aquellos asuntos que tenían mayores avances al momento de la revisión de los Documentos de Pascuas en 2011, y donde aparentemente los Estados podrían llegar a avanzar más rápidamente; por otro lado, a diferencia de la Conferencia Ministerial de 2011 donde se intentó buscar medidas exclusivas para PMA, el Paquete de Bali comprende temas de interés tanto de los países desarrollados (facilitación del comercio) como de los países en desarrollo (Agricultura y desarrollo), lo que podría hacer más factible los intercambios necesarios para arribar a un acuerdo.

Como mencionamos, el paquete de cuestiones del Desarrollo es un derivado del fracasado intento de promover un conjunto de medidas para estos países en la Conferencia Ministerial de 2011. Al momento de iniciar las negociaciones en Bali, este pilar comprendía cuestiones sobre el Monitoreo del Mecanismo para el Trato especial y diferenciado; un mecanismo de cuotas libres de aranceles para los PMA, así como la aplicación de normas de origen preferenciales para estos países. También se incluía la cuestión del Algodón, y la operacionalización de un “waiver” (excepción) para el tratamiento en servicios.

En cuanto a Agricultura el paquete de Bali trata de avanzar sobre lo acurdado en 2005 con el compromiso de limitación de las subvenciones a las exportaciones, y también el abordaje de los tratamientos de los aranceles intracuotas. Se incluyen en la discusión los Servicios Generales en materia Agrícola; las compras públicas de alimentos con propósito de seguridad alimentaria; competencia de las exportaciones, y la administración de cuotas tarifarias. Dentro de este conjunto, uno de los temas más complejos ha sido la “cláusula de paz” que  ciertos países impulsan para eximir de las exigencias de reducción –y del mecanismo de solución de diferencias- a los subsidios vinculados a la seguridad alimentaria y a las compras de alimentos por parte del Estado

Por último, el acuerdo sobre Facilitación del Comercio, resabio de los Temas Singapur, es el “más “moderno” de los temas en discusión: apunta a cuestiones no arancelarias como la transparencia y agilización de los procedimientos aduaneros, y la reducción de los costos de la operatoria del comercio exterior. El mismo es de interés de los países desarrollados, y en particular de las empresas que montan sus sistemas productivos en las llamadas cadenas globales de valor. Su aprobación implicaría importantes ajustes para los países en desarrollo, que según las estimaciones realizadas pueden superar los beneficios de su implementación, especialmente en el corto plazo.

Los temas pues no resultan novedosos para los actores, y requieren en muchos casos resoluciones políticas más que técnicas. No obstante, las semanas de negociaciones anteriores en Ginebra no lograron destrabar los núcleos más sensibles, evidenciando que hace falta un esfuerzo inusual para que puedan destrabarse en Bali.

Los actores

Ministerial Conference 2013
Foto: Reunión durante la Conferencia de Bali. Fuente OMC.

Dentro de las negociaciones algunos Estados han asumido mayor protagonismo: Sudáfrica, e India han llevado posiciones fuertes, en tanto que las coaliciones negociadoras han reactivado sus reuniones. Los países desarrollados han hecho declaraciones más moderadas respecto del arribo, o no, a un acuerdo durante Bali, tras las semanas de negociación en Ginebra.

La India, ha sido uno de los actores que llevó una posición más dura y crítica a las negociaciones. Por un lado ha criticado fuertemente cómo los compromisos con el desarrollo han sido diluidos en meras frases y formulas abiertas de  promesas de conducta y no en mecanismos concretos. Por otro lado, este país ha solicitado una excepción para la aplicación de determinadas políticas en materia de seguridad alimentaria, que considera como no-negociables.

Vinculada a esta posición se ha expedido el G33, coalición de países en desarrollo y PMA liderada por la India. Este grupo enfatizó su postura en el reclamo de un acuerdo agrícola que tuviera en cuenta la seguridad alimentaria el desarrollo rural; incorporando a su vez inquietudes como la de la volatilidad de los precios y el papel que desde esa perspectiva juegan los Estados como tenedores públicos de los alimentos

Dentro de los países en desarrollo, el G4 del Algodón volvió a tener una presencia importante. Benín, en nombre de esta coalición reclamó por las cuestiones del Algodón dentro del paquete  Agrícola como un requisito sine qua non para avanzar en las negociaciones.

El G20 por su parte enfatizó el papel que la resolución en temas como competencia de las exportaciones y administración de cuotas tarifarias tendría para el desenlace del conjunto de las negociaciones de Doha

El Grupo Cairns anticipó su interés en el comercio agrícola dentro del paquete de Bali. Para este grupo la cuestión agrícola sigue siendo el pilar central de las negociaciones, especialmente a partir de su impacto en la creación de empleo y el desarrollo. El cumplimiento de la eliminación a las subvenciones a las exportaciones fue uno de los temas más enfatizados –cuando han pasado 50 años de la eliminación de estas medidas en el comercio de otros tipos de bienes

El G10, coalición de países importadores de alimentos, por su parte volvió a reclamar el tratamiento de las restricciones a las exportaciones – uno de los temas a los que Argentina más se opone.

Otros Países como EEUU y Francia enfatizaron la importancia de obtener un acuerdo en Facilitación del Comercio y en sentar las bases para las negociaciones post-Bali. Francia a su vez señaló que en cuanto a los temas agrícolas, debería existir una correlación entre los esfuerzos demandados y la sustentabilidad de la reforma de la PAC.

Cabe señalar que el MERCOSUR no ha llevado adelante políticas en común en esta Conferencia Ministerial. Por el contrario, mientras que Brasil y Argentina en los albores de la Conferencia Ministerial situaron sus posiciones, con un perfil más bajo que en otras ocasiones, sobre las cuestiones de (la falta de) equilibrio en los temas propuestos, Paraguay y Uruguay integraron un documento junto a países como Australia, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Hong Kong, México, Nueva Zelanda y Rusia, que apoyó explícitamente lo avanzado durante las semanas previas de negociación impulsadas por Azevêdo, y se comprometía con el Paquete presentado en la Conferencia Ministerial.

La agenda post-Bali

La agenda post Bali es múltiple, comprende desde la resolución de los temas de la Ronda Doha, al abordaje conjunto de los nuevos temas del Comercio Internacional. No obstante, ello sólo será posible si los Estados logran concretar en Bali alguno de los temas pendientes. Resolver el paquete Bali sería una señal de gran importancia para el fortalecimiento de la organización como una institución con capacidad para canalizar los problemas de sus miembros y contribuir al arribo de entendimientos cooperativos. Los borradores distribuidos esta mañana son la clave para cruzar esta meta.

6. 12. 2013