“All that glitters is not gold”: Continuities in International Order and Limits to Global South reconfiguration.

Este trabajo fue elaborado en co-autoría con el Dr. Esteban Actis, y publicado en el vol.11, n°2, de la revista “De Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad”.

Puede descargarse aquí: http://revistas.unimilitar.edu.co/index.php/ries/article/view/1869/1503

 

RESUMEN

Current literature on International Relations has noted, for quite some time, that international power is undergoing a transformative process and that we are facing a “reconfiguration of the global South.” However, our opinion is that these statements exaggerate the depth and nature of the transformations. In this paper we will put forth for discussion the widely used concepts of “reconfiguration of the international order” and “democratization of international relations” and seek to test their scope and limits. Our hypothesis is that, even though since the beginning of the twenty-first century a redistribution of mainly economic resources has taken place globally, the rules, principles, institutions and policies that have structured the international system since the second half of the twentieth century have not changed. The discourse maintained by emerging powers is one of system reform, but in their actions they attempt to converge with traditional powers, following the path of liberal order. For the rest of the “South” this situation does not raise new possibilities for influencing and participating in the international system, but replicates the asymmetries and dependencies of the prevailing order.

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Una nueva geometría: desafíos de política exterior para el gobierno de Macri

Artículo en co-autoría con Esteban Actis, publicado en Bastion Digital el lunes 14/12/2015

http://ar.bastiondigital.com/notas/una-nueva-geometria

Una nueva geometría

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular las tres relaciones bilaterales estratégicas de la Argentina: Estados Unidos, Brasil y China. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El proceso electoral del 2015 no fue ajeno a una tendencia recurrente de las elites política argentina: se planteó una vez más la necesidad de “refundar” la política exterior  y de “reinsertar” a la Argentina en el mundo; a la vez que se acotó la discusión a aspectos micro de la agenda. Estas lecturas han ignorado, por un lado, que la política exterior no comienza en tabula rasa,  sino que más bien los desafíos son identificar continuidades y ajustes. Por otro lado, la política exterior argentina viene sufriendo un lento pero firme proceso de reestructuración de sus relaciones centrales. Mientras que hasta finales del siglo XX el dilema argentino versaba en cómo resolver el “triángulo” de relaciones entre Estados Unidos (potencia global) y Brasil (líder regional), el siglo XXI complejizó el esquema, al introducir un nuevo vértice en la otrora relación triangular: China. En ese contexto, el futuro gobierno de Macri no solo hereda una estructura de relaciones externas que tendrá que descifrar y rearmar -a partir de nuevas preferencias políticas- sino también una serie de temas de agenda, que en mayor o menor medida dependerán de cómo se prioricen esas relaciones.

El lado “EEUU-Argentina” en el nuevo rombo que estructura las relaciones externas, es el que más debilitado se encuentra a finales de 2015. Durante los años de CFK el vínculo con EEUU vaciló entre momentos de crisis y recomposición, encontrándose en el primero desde mediados de 2014. El hecho de que el gobierno de Obama no mediara ante la decisión de la Corte Suprema de mantener firme el fallo del juez Griesa, tal como lo esperaba el gobierno argentino, enfrío la relación y la dejó durante los últimos meses en uno de sus puntos más distantes. Esta distancia se retroalimentó por parte de los EEUU por la expectativa de cambios que podría dar lugar el proceso electoral.

En cuanto a la relación con Brasil, cabe señalar la pérdida de intensidad relativa en los últimos años tanto en la dimensión económica como política. La última visita estrictamente bilateral de las mandatarias data del año 2013, y son conocidas por todos las diferencia que han existido en materia económica entre los dos gobiernos, especialmente debido a los contextos restrictivos que ambos países afrontan.  Sumado a ello, en el plano político, la crisis brasileña y el escenario electoral argentino provocaron cierta parálisis de la agenda bilateral. Así, si bien este contexto indica un debilitamiento del vértice con Brasil, la densidad del vínculo y la interconexión de agendas se ha mantenido, matizando el impacto de los problemas de la coyuntura.

En tanto los dos vínculos mencionados anteriormente fueron declinando, el vínculo con China tuvo el recorrido opuesto, ganando relevancia económica y política. Esta intensificación ha obedecido a la visualización por parte de la Argentina de China como un canal de financiamiento que oxigenaba la restricción externa, y como una fuente de inversiones que permitía dinamizar la economía doméstica. Por parte de China, Argentina era una nueva periferia a explorar en su expansión global y particularmente una forma de asegurar el acceso a determinados recursos necesarios para cumplir las metas del plan quinquenal. La complementariedad económica coadyuvó a la retroalimentación de la relación.

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular estas tres relaciones bilaterales estratégicas. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El primer lugar lo ocupa, como lo ha venido haciendo durante las últimas transiciones de gobierno, el de la inserción financiera internacional. En ello el nudo es la resolución del tema holdouts, habida cuenta que para el gobierno de Cambiemos la (re)inserción financiera argentina es un imperativo, y de no resolverse el resultado será el no abaratamiento de las tasas de interés a las cuales el país puede tomar crédito. Durante los últimos años el gobierno de CFK ha optado por evitar la negociación con los acreedores, oxigenar las finanzas vía China, y comenzar de manera incipiente un proceso de vuelta a los mercados privados de capitales a través de la emisión del BONAR 24, aunque con tasas mayores a las de los países vecinos. El interrogante que se plantea frente a un eventual retorno al sistema financiero (vía pago holdouts) es cuál es el ajuste  que el flamante gobierno está dispuesto a hacer para acceder a créditos de bajo costo. La resolución de este tema favorece además un acercamiento hacia los EEUU, debido a una normalización con Wall Street y al acatamiento de la jurisdicción norteamericana, y debilita en términos relativos los vínculos con China, basados hasta el momento en instrumentos financieros no tradicionales (swaps).

La postura que se adopte frente a los holdouts impacta a su vez en otros foros vinculados a las finanzas internacionales en los que participa Argentina. Dos temas heredados son la participación de Argentina en el G20, con una visión más social que financiera, y la propuesta de un marco regulatorio de reestructuración de deuda soberana en las Naciones Unidas. En estos puntos la incógnita es dilucidar si el gobierno de Macri, quien se muestra menos revisionista del sistema internacional que sus antecesores, utilizará estos foros para incrementar poder en términos autonómicos, o serán espacios de adscripción al status quo y mostrarse así como un buen ejemplo de “periferia moderna”.

En cuanto a las relaciones comerciales internacionales Macri enfrenta un momento de transición donde el avance de los acuerdos megarregionales y el discurso del “regionalismo del siglo XXI” impactan fuertemente en los escenarios de negociación de la Argentina. Por un lado, en la OMC, erosionan las bases de las negociaciones de la Ronda Doha e impulsan una agenda de acuerdos en materia de facilitación de comercio, servicios, bines ambientales, etc. El plano regional, este enfoque empodera el esquema de la Alianza del Pacifico frente al MERCOSUR. A ello se le suma la necesidad de rediseñar los instrumentos de política comercial externa aplicados, en función del fallo del Panel de la OMC “Argentina – medidas que restringen las importaciones” conforme el cual en el mes de diciembre se deberán eliminar las famosas DJAI. El perfil que plantea el gobierno de Macri, de apuntar hacia una mayor liberalización comercial vía flexibilización del MERCOSUR y desregulación del comercio exterior, aparece en el plano externo como una situación de “win-win”. Una decisión de ese tinte sería bien recibida tanto en Brasil (donde fortalecería al “bloque liberal”) como en EEUU (quien impulsa una realineación hemisférica), y no generaría costos en la relación con China (debido a que no impacta en la complementariedad comercial). Sin embargo, las dificultades aparecen en la mesa doméstica, donde la combinación de ganadores y perdedores de la última década se vería trastocada.

La agenda de seguridad, en particular la problemática del terrorismo, viene en ascenso en el plano internacional y probablemente obligue al gobierno de Cambiemos a tomar algún tipo de posición. Dado la tradición diplomática de Brasil y la defensa en los últimos años de la no injerencia en los asuntos internos de los otros Estados, así como el rechazo a la vía militar como instrumento de combate contra el terrorismo, el gigante sudamericano es probable que mantenga una posición autónoma y distante frente a este escenario. Argentina si decide continuar la visión sostenida por el país durante los últimos años, tendrá mayores puntos de encuentro con Brasil, continuará fortaleciendo el peso de la región sudamericana en el escenario internacional como un interlocutor alternativo a las visiones del norte. Si por el contrario, Argentina decide apoyar discursivamente y en las acciones la lucha de las potencias occidentales contra el ISIS, se produciría un mayor acercamiento a los EEUU.

Asimismo cabe considerar los desafíos de Macri en la región latinoamericana, en términos de cooperación política. Es evidente que la retórica del presidente electo en contra del régimen de Maduro es un elemento nuevo en la política exterior de la Argentina. El desarrollo de este tema es clave en el rediseño de las alianzas a nivel hemisférico. El reclamo por la aplicación de la cláusula democrática contra Venezuela es claramente un guiño de Macri hacia los EEUU. De concretarse la propuesta del nuevo gobierno, esa podría ser una forma de ganar poder político en el escenario internacional; de lo contrario los costos son elevados. Sin embargo el éxito de esta iniciativa no depende tanto de la Argentina, sino de cómo se resuelvan las tensiones presentes al interior de la coalición de gobierno en Brasil. Si en Brasilia priman las visiones cercanas a Maduro, el veto de Brasil a cualquier iniciativa contraria a Venezuela frustraría la propuesta de Macri tanto vía UNASUR como vía MERCOSUR, generando ruido en la región.

Por último, la atención de esta agenda internacional no debe desplazar los desafíos que la política exterior enfrenta también en el diseño doméstico. Si entendemos a la política exterior como política pública, la cual tiene efectos redistributivos en distintos actores de la sociedad, y si reconocemos que el accionar externo del estado excede a la propia cancillería, los desafíos que se le plantean a Susana Malcorra, quien asumirá la dirección del Palacio San Martin, son múltiples. Entre ellos sobresalen adquirirexpertise política en el manejo burocrático, y en la articulación con la sociedad civil y mercantil; y lograr coordinar desde la cancillería el accionar de los otros ministerios en el plano externo. También asumir, en el caso de que Macri reniegue de la diplomacia presidencialista, un mayor liderazgo político en el escenario internacional.

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Signos de cambio en el Régimen Multilateral de Comercio: análisis de la elección de Roberto Carvalho de Azevêdo como Director General de la OMC., por Julieta Zelicovich

Articulo publicado en Boletim Mundorama

Signos de cambio en el Régimen Multilateral de Comercio: análisis de la elección de Roberto Carvalho de Azevêdo como Director General de la OMC., por Julieta Zelicovich

 

La elección de Roberto Carvalho de Azevêdo como Director General de la Organización Mundial de Comercio es un hito clave que debe sumarse, en el análisis, a la serie de fenómenos que desde comienzos del siglo XXI han ido ilustrando las transformaciones del sistema multilateral de comercio.

 La Conferencia Ministerial de Cancún, el surgimiento del G-20 comercial,  la consolidación de los “FIPS” (sigla con la que se conoció a EEUU, Unión Europea, Brasil, India y Australia como los cinco actores claves de la Ronda Doha durante gran parte del período negociador) o bien la celebración del acuerdo SGPC, junto con muchos otros acuerdos preferenciales de comercio son parte de esa lista. Se trata de un proceso de cambio en el que parecen coexistir dos fenómenos en el régimen multilateral de comercio: por una lado el ascenso de nuevos actores protagonistas de las relaciones de centrales dentro de la OMC (aunque conservando una alta concentración), y por otro, la proliferación de espacios, paralelos a la OMC,  a partir de la multiplicación de los acuerdos comerciales preferenciales y regionales. Sugerimos aquí que ambos elementos parecen estar presentes en la explicación de la reciente elección del candidato Brasilero como Director General de dicha Organización.

Para ello consideramos a la OMC como Régimen Internacional, que expresa “los principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisión en torno a los cuales convergen las expectativas de los actores en un área dada de las relaciones internacionales” (Krasner 1985: 14), y que expresa los cambios en la distribución de poder de los Estados (Young 1982, 293).  Debido a las consecuencias que tales principios, normas, reglas y procedimientos generan los Estados históricamente han buscado ejercer influencia sobre cuestiones como la elección del Director General, con el objeto de lograr que sus propios intereses se vean favorecidos. ¿Qué indica la elección del candidato de Brasil?

 

Los países emergentes consolidan su protagonismo.

Por un lado es posible afirmar que la elección de Carvalho de Azevêdo confirma  la importancia creciente de los países “emergentes” en la esfera multilateral, especialmente en la arena comercial, sugiriendo un “cambio en la distribución del poder” de los Estados. Sin embargo no se trata solamente del resultado de esta elección, sino que todo el proceso ha arrojado evidencia en ese sentido.

En efecto, siete de los nueve candidatos que se postularon al cargo a comienzos de 2013 provenían de países en desarrollo o países emergentes. Alan John Kwadwo Kyerematen, de Ghana,  Anabel González, de Costa Rica, Amina C. Mohamed, de Kenya,  Ahmad Thougan Hindawi, de Jordania, Mari Elka Pangestu, de Indonesia,  Tim Groser,  de Nueva Zelandi,  Taeho Bark de República de Corea, y Herminio Blanco de México, junto a Roberto Carvalho de Azevêdo, de Brasil.  Sólo los últimos cinco pasaron la segunda Ronda, y los último dos fueron los finalistas del proceso[1]. A diferencia de la elección de 1999 donde se acordó el mandato por turnos del Tailandés Supachai Panitchpakdi con el Neo zelandés Mike Moore,  los países desarrollados no tuvieron un candidato propio en la instancia final de la selección. Si bien inicialmente muchos de éstos se volcaron hacia el candidato mexicano, de carácter más liberal, el brasilero, pro-desarrollista, fue el que generó finalmente mayores consensos.

Las notas biográficas de Carvalho Azevêdo lo muestran como un hábil negociador, que logró concretar en la obtención de la dirección general  de la OMC, la proyección del poder brasileño iniciada con Luis Felipe Seixas Correa y Celso Amorim en el 2003 con la creación del G-20. En su discurso el reciente electo Director ha mostrado un interés profundo en las cuestiones del desarrollo, y en los desafíos venideros de la Organización. En su postulación sostuvo:

“I firmly believe that trade is an integral and indispensable element for growth and development of any economy. The ability to compete in global markets is a reliable indicator of the sustainability of any economic model. On the other hand, trade cannot be a goal in itself. It must happen in a way that improves living conditions of families in the real world.(…) What we must do is ensure that the multilateral trading system remains the main tool for trade liberalization” (Azevêdo, 2013)

 

Los países desarrollados buscan otras opciones.

Por otro lado, la elección de Carvalho de Azevêdo muestra un menor interés de los países desarrollados en buscar ejercer su “influencia” en la dirección de la Organización Multilateral. Por el contrario, éstos parecen estar más interesados en la negociación de los acuerdos  mega-regionales como la Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés) y, más recientemente, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) (Dadush, 2013).

Mientras que la OMC sigue siendo poderosa en la administración de los acuerdos celebrados hasta la Ronda Uruguay, y en la provisión de herramientas de transparencia y de solución de diferencias al interior del régimen, su importancia como foro para las negociaciones de sus miembros ha decaído.  La parálisis de la Ronda Doha, y la proliferación en paralelo de los acuerdos preferenciales bi y plurilaterales, así como la emergencia de nuevos temas no contemplados en el mandato de la Organización (Baldwin, 2011), ha quitado importancia en este sentido al foro con sede en Ginebra, restando en las expectativas que los países desarrollados y en desarrollo ponen en ella. Así para los primeros el riesgo de dejar la Organización en manos de los segundos resulta muy reducido, en tanto que la OMC sólo administrará lo ya acordado.

No obstante, aún en dicha situación, es posible esperar que la asunción de Carvalho de Azevêdo como Director General de la OMC, dispuesta para el mes de septiembre, imprima dinamismo a la Organización, y mejore las condiciones en las que los países en desarrollo han venido afrontando en la negociación multilateral de comercio o los procedimientos en el órgano de solución de diferencias.

Bibliografía

AZEVÊDO, Roberto (2013) “Presentation to the WTO General Council by the Brazilian candidate to the post of Director-General of the WTO”. Disponible enhttp://www.wto.org/english/news_e/news13_e/roberto_e.doc

BALDWIN (2011) “21st Century Regionalism: Filling the gap between 21st century trade and 20th century trade rules” en Policy Insight n°56, Centre for Economic Policy Research, Ginebra.

DADUSH, Uri (2013); “La política comercial fortuita” en Política Exterior, n 153. Disponible en http://www.politicaexterior.com/articulo?id=5169

KRASNER, Stephen (1985), Conflicto Estructural. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano.

OMC. Archivo de noticias sobre el proceso de selección del Director General. Disponible en http://www.wto.org/spanish/news_s/archive_s/dgsel_arc_s.htm

YOUNG, Oran (1982); “Regime Dynamics: The Rise and Fall of International Regimes” en International Organization, Vol 36, n°2, pp 277-297

 

Julieta Zelicovich es Magíster en Relaciones Comerciales Internacionales por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Argentina, y licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, donde está realizando sus estudios de Doctorado. Es Becaria Doctoral de Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina – CONICET (jzelicovich@yahoo.com.ar).

 


[1] El proceso de selección del Director General quedó  establecido en el 2002 en el documento WT/L/509. Se establece allí que el objetivo fundamental del proceso será llegar a decisiones adoptadas por consenso, para lo cual se designan “facilitadores” que a lo largo de distintas rondas de consultas entre todos los miembros buscan acercar las posiciones entre las partes, hasta poder informar el nombre del candidato definitivo al Consejo Genera.

Crisis de los modelos neodesarrollistas del MERCOSUR: Argentina y Brasil

Ponencia presentada en co-autoría con el Lic. Esteban Actis, durante el X Congreso Nacional y III Congreso Internacional sobre Democracia “La democracia como proyecto abierto: nuevo orden mundial y desafíos del siglo XXI”, el cual se desarrolló del 3 al 6 de septiembre de 2012, en la Facultad de Ciencia Política y RRII de la UNR.

publicación en CD del Congreso: ISBN 978-950-673-974-4.

 

Resumen:

A partir del análisis de los casos de Argentina y Brasil, en este estudio se sostiene que, con los cambios sucedidos en la economía mundial a partir de 2008, los modelos neodesarrollistas del MERCOSUR han entrado en crisis. Uno, a partir del énfasis proteccionista de las medidas económicas, principalmente comerciales; otro, desde la consolidación de la ortodoxia macroeconómica. Se sugiere que a pesar de las diferencias entre los casos, ambos paquetes de medidas han comenzado a generar daños sobre el sector productivo e industrial, base del propio modelo de desarrollo de cada uno de estos países, y eje clave de su inserción económica internacional.

 

Descargar Crisis neodesarrollistas del MERCOSUR