Una nueva geometría: desafíos de política exterior para el gobierno de Macri

Artículo en co-autoría con Esteban Actis, publicado en Bastion Digital el lunes 14/12/2015

http://ar.bastiondigital.com/notas/una-nueva-geometria

Una nueva geometría

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular las tres relaciones bilaterales estratégicas de la Argentina: Estados Unidos, Brasil y China. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El proceso electoral del 2015 no fue ajeno a una tendencia recurrente de las elites política argentina: se planteó una vez más la necesidad de “refundar” la política exterior  y de “reinsertar” a la Argentina en el mundo; a la vez que se acotó la discusión a aspectos micro de la agenda. Estas lecturas han ignorado, por un lado, que la política exterior no comienza en tabula rasa,  sino que más bien los desafíos son identificar continuidades y ajustes. Por otro lado, la política exterior argentina viene sufriendo un lento pero firme proceso de reestructuración de sus relaciones centrales. Mientras que hasta finales del siglo XX el dilema argentino versaba en cómo resolver el “triángulo” de relaciones entre Estados Unidos (potencia global) y Brasil (líder regional), el siglo XXI complejizó el esquema, al introducir un nuevo vértice en la otrora relación triangular: China. En ese contexto, el futuro gobierno de Macri no solo hereda una estructura de relaciones externas que tendrá que descifrar y rearmar -a partir de nuevas preferencias políticas- sino también una serie de temas de agenda, que en mayor o menor medida dependerán de cómo se prioricen esas relaciones.

El lado “EEUU-Argentina” en el nuevo rombo que estructura las relaciones externas, es el que más debilitado se encuentra a finales de 2015. Durante los años de CFK el vínculo con EEUU vaciló entre momentos de crisis y recomposición, encontrándose en el primero desde mediados de 2014. El hecho de que el gobierno de Obama no mediara ante la decisión de la Corte Suprema de mantener firme el fallo del juez Griesa, tal como lo esperaba el gobierno argentino, enfrío la relación y la dejó durante los últimos meses en uno de sus puntos más distantes. Esta distancia se retroalimentó por parte de los EEUU por la expectativa de cambios que podría dar lugar el proceso electoral.

En cuanto a la relación con Brasil, cabe señalar la pérdida de intensidad relativa en los últimos años tanto en la dimensión económica como política. La última visita estrictamente bilateral de las mandatarias data del año 2013, y son conocidas por todos las diferencia que han existido en materia económica entre los dos gobiernos, especialmente debido a los contextos restrictivos que ambos países afrontan.  Sumado a ello, en el plano político, la crisis brasileña y el escenario electoral argentino provocaron cierta parálisis de la agenda bilateral. Así, si bien este contexto indica un debilitamiento del vértice con Brasil, la densidad del vínculo y la interconexión de agendas se ha mantenido, matizando el impacto de los problemas de la coyuntura.

En tanto los dos vínculos mencionados anteriormente fueron declinando, el vínculo con China tuvo el recorrido opuesto, ganando relevancia económica y política. Esta intensificación ha obedecido a la visualización por parte de la Argentina de China como un canal de financiamiento que oxigenaba la restricción externa, y como una fuente de inversiones que permitía dinamizar la economía doméstica. Por parte de China, Argentina era una nueva periferia a explorar en su expansión global y particularmente una forma de asegurar el acceso a determinados recursos necesarios para cumplir las metas del plan quinquenal. La complementariedad económica coadyuvó a la retroalimentación de la relación.

El principal desafío del gobierno de Macri en materia de política exterior es articular estas tres relaciones bilaterales estratégicas. La forma que adquiera el “rombo” impactará en el resto de las definiciones de la inserción internacional y en los posicionamientos de la Argentina en su agenda externa.

El primer lugar lo ocupa, como lo ha venido haciendo durante las últimas transiciones de gobierno, el de la inserción financiera internacional. En ello el nudo es la resolución del tema holdouts, habida cuenta que para el gobierno de Cambiemos la (re)inserción financiera argentina es un imperativo, y de no resolverse el resultado será el no abaratamiento de las tasas de interés a las cuales el país puede tomar crédito. Durante los últimos años el gobierno de CFK ha optado por evitar la negociación con los acreedores, oxigenar las finanzas vía China, y comenzar de manera incipiente un proceso de vuelta a los mercados privados de capitales a través de la emisión del BONAR 24, aunque con tasas mayores a las de los países vecinos. El interrogante que se plantea frente a un eventual retorno al sistema financiero (vía pago holdouts) es cuál es el ajuste  que el flamante gobierno está dispuesto a hacer para acceder a créditos de bajo costo. La resolución de este tema favorece además un acercamiento hacia los EEUU, debido a una normalización con Wall Street y al acatamiento de la jurisdicción norteamericana, y debilita en términos relativos los vínculos con China, basados hasta el momento en instrumentos financieros no tradicionales (swaps).

La postura que se adopte frente a los holdouts impacta a su vez en otros foros vinculados a las finanzas internacionales en los que participa Argentina. Dos temas heredados son la participación de Argentina en el G20, con una visión más social que financiera, y la propuesta de un marco regulatorio de reestructuración de deuda soberana en las Naciones Unidas. En estos puntos la incógnita es dilucidar si el gobierno de Macri, quien se muestra menos revisionista del sistema internacional que sus antecesores, utilizará estos foros para incrementar poder en términos autonómicos, o serán espacios de adscripción al status quo y mostrarse así como un buen ejemplo de “periferia moderna”.

En cuanto a las relaciones comerciales internacionales Macri enfrenta un momento de transición donde el avance de los acuerdos megarregionales y el discurso del “regionalismo del siglo XXI” impactan fuertemente en los escenarios de negociación de la Argentina. Por un lado, en la OMC, erosionan las bases de las negociaciones de la Ronda Doha e impulsan una agenda de acuerdos en materia de facilitación de comercio, servicios, bines ambientales, etc. El plano regional, este enfoque empodera el esquema de la Alianza del Pacifico frente al MERCOSUR. A ello se le suma la necesidad de rediseñar los instrumentos de política comercial externa aplicados, en función del fallo del Panel de la OMC “Argentina – medidas que restringen las importaciones” conforme el cual en el mes de diciembre se deberán eliminar las famosas DJAI. El perfil que plantea el gobierno de Macri, de apuntar hacia una mayor liberalización comercial vía flexibilización del MERCOSUR y desregulación del comercio exterior, aparece en el plano externo como una situación de “win-win”. Una decisión de ese tinte sería bien recibida tanto en Brasil (donde fortalecería al “bloque liberal”) como en EEUU (quien impulsa una realineación hemisférica), y no generaría costos en la relación con China (debido a que no impacta en la complementariedad comercial). Sin embargo, las dificultades aparecen en la mesa doméstica, donde la combinación de ganadores y perdedores de la última década se vería trastocada.

La agenda de seguridad, en particular la problemática del terrorismo, viene en ascenso en el plano internacional y probablemente obligue al gobierno de Cambiemos a tomar algún tipo de posición. Dado la tradición diplomática de Brasil y la defensa en los últimos años de la no injerencia en los asuntos internos de los otros Estados, así como el rechazo a la vía militar como instrumento de combate contra el terrorismo, el gigante sudamericano es probable que mantenga una posición autónoma y distante frente a este escenario. Argentina si decide continuar la visión sostenida por el país durante los últimos años, tendrá mayores puntos de encuentro con Brasil, continuará fortaleciendo el peso de la región sudamericana en el escenario internacional como un interlocutor alternativo a las visiones del norte. Si por el contrario, Argentina decide apoyar discursivamente y en las acciones la lucha de las potencias occidentales contra el ISIS, se produciría un mayor acercamiento a los EEUU.

Asimismo cabe considerar los desafíos de Macri en la región latinoamericana, en términos de cooperación política. Es evidente que la retórica del presidente electo en contra del régimen de Maduro es un elemento nuevo en la política exterior de la Argentina. El desarrollo de este tema es clave en el rediseño de las alianzas a nivel hemisférico. El reclamo por la aplicación de la cláusula democrática contra Venezuela es claramente un guiño de Macri hacia los EEUU. De concretarse la propuesta del nuevo gobierno, esa podría ser una forma de ganar poder político en el escenario internacional; de lo contrario los costos son elevados. Sin embargo el éxito de esta iniciativa no depende tanto de la Argentina, sino de cómo se resuelvan las tensiones presentes al interior de la coalición de gobierno en Brasil. Si en Brasilia priman las visiones cercanas a Maduro, el veto de Brasil a cualquier iniciativa contraria a Venezuela frustraría la propuesta de Macri tanto vía UNASUR como vía MERCOSUR, generando ruido en la región.

Por último, la atención de esta agenda internacional no debe desplazar los desafíos que la política exterior enfrenta también en el diseño doméstico. Si entendemos a la política exterior como política pública, la cual tiene efectos redistributivos en distintos actores de la sociedad, y si reconocemos que el accionar externo del estado excede a la propia cancillería, los desafíos que se le plantean a Susana Malcorra, quien asumirá la dirección del Palacio San Martin, son múltiples. Entre ellos sobresalen adquirirexpertise política en el manejo burocrático, y en la articulación con la sociedad civil y mercantil; y lograr coordinar desde la cancillería el accionar de los otros ministerios en el plano externo. También asumir, en el caso de que Macri reniegue de la diplomacia presidencialista, un mayor liderazgo político en el escenario internacional.

– See more at: http://ar.bastiondigital.com/notas/una-nueva-geometria#sthash.zMx2OvFn.dpuf