Argentina y el TPP

Artículo publicado en Bastión Digital el 5/04/2016

 

Argentina y el TPP

Uno de los anuncios más resonantes de la Cancillería argentina tras la visita de Barack Obama fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo refuerza la intención del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP). ¿Está Argentina preparada para encarar esta negociación?

Tras la visita de Obama, uno de los anuncios más resonantes de la cancillería argentina fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo, si bien solo establece áreas de cooperación e interés común, refuerza la intención anunciada semanas antes respecto de la ambición del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP).

Mientras que el gobierno puede haber considerado oportuno el timing de su anuncio en función del contexto político y económico local, en el plano internacional debe considerarse cómo se constituye el tablero de la negociación, cuáles son sus reglas y cuál es la condición en la que se encuentra Argentina para encarar dicho proceso.

Y es que el TPP no es simplemente un acuerdo de libre comercio. Tras varios años de negociación, este acuerdo fue firmado formalmente en febrero de 2016 entre 12 países –EEUU, Australia, Canadá, Japón, Malasia, México, Perú, Vietnam, Chile, Brunei, Singapur y Nueva Zelanda- que conjugan aproximadamente el 40% del PBI global. En sus 30 capítulos y poco más de 650 páginas, se disponen no sólo las reglas de acceso a mercados para el comercio de bienes, sino también compromisos en materia de administración aduanera y facilitación del comercio, así como la liberalización del comercio de servicios, servicios financieros, comercio electrónico y entrada temporal de personas de negocios. El tratado profundiza los compromisos de OMC en materia de defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias y obstáculos técnicos al comercio. Incorpora a su vez un capítulo destinado a garantizar las protecciones a inversiones de un Estado parte en el territorio de otro, y otro capítulo específico para la protección de la propiedad intelectual. Se incluyen también aspectos relativos a las telecomunicaciones, la contratación pública, la regulación de la competencia, el disciplinamiento de las empresas del Estados, cuestiones laborales y ambientales. Se establecen disciplinas comunes incluso sobre los procesos regulatorios de los Estados, y la transparencia en los procesos administrativos y judiciales. Sobre ese conjunto normativo es que la Argentina pretende negociar. No es solo el acceso a mercados, sino una agenda extensa de regulaciones “más-allá-de-la-frontera”, un tablero en el cual la Argentina ha incursionado poco y nada en el ámbito internacional.

La primera cuestión refiere a las reglas del juego. Debe notarse que el acuerdo no está en vigor. Es decir, no ha recibido aún las ratificaciones necesarias y le esperan arduas discusiones en los legislativos de los principales países firmantes. Se requiere que hayan pasado dos años y al menos 6 países signatarios originales -que reúnan el 85% del PBI de tal grupo- ratifiquen el TPP para que este entre en vigor. Sólo entonces podrá Argentina llevar adelante su adhesión, suponiendo que para ese entonces ha resuelto la manera de hacerlo en el marco del MERCOSUR. Según lo establecido en su artículo 30.5 el TPP está abierto a “(b) cualquier otro Estado o territorio aduanero distinto que las Partes puedan acordar, que esté preparado para cumplir con las obligaciones de este Tratado, sujeto a los términos y condiciones que puedan ser acordados entre el Estado o el territorio aduanero distinto y las Partes, y previa aprobación de conformidad con los procedimientos legales aplicables de cada Parte y el Estado o territorio aduanero distinto adherente (candidato a la adhesión).” En gran medida se trata de un “tómelo-o-déjelo” en el cual las reglas del juego disponen que sólo hay margen para alguna flexibilización en los plazos pero no en las metas, y que requiere del acuerdo y ratificación de cada Parte integrante del acuerdo.

La segunda cuestión nos remite a la delimitación de un interés en común. Toda negociación comercial requiere en efecto que exista un área de interés en común en la cual las partes puedan sacar provecho a través de una acción cooperativa. Aquí, mientras que Argentina ha deslizado su intención de ingresar al acuerdo como una forma de redefinir su inserción internacional, no ha existido una respuesta semejante de la/s contraparte/s. Esta asimetría de intereses fortalece la posición negociadora de los países signatarios del TPP frente a cualquier posición de Argentina. Simplemente, su “mejor alternativa al acuerdo negociado” (conocido como BATNA por sus siglas en ingles) –incluso su status quo actual- es muy superior a la de Argentina. Esta diferencia se acentúa si se considera que la composición de las canastas de bienes exportables argentina no es complementaria con los principales países del TPP, sino que más bien tiene –en términos de Stiglitz- “ventajas comparativas en el lugar equivocado”.

La última cuestión a considerar son los recursos o competencias que presenta Argentina para la negociación. La diferencia en el tamaño del BATNA, mencionado en el párrafo anterior, ya origina una situación desventajosa para la Argentina. Por su parte, si bien el poder de mercado del país se ve fortalecido por la pertenencia al MERCOSUR, la capacidad que tiene Argentina para hacer promesas o amenazas en términos de su mercado en el proceso de negociación es relativamente más baja a la de la contraparte. Asimismo, debido al crecimiento de la aplicación de medidas de  administración del comercio de 2009 a esta parte, el país carece de un poder blando significativo que pudiera aplicarse a una negociación comercial.

Desde la perspectiva de las negociaciones comerciales internacionales, la situación de Argentina frente al TPP parece más adversa que ventajosa. La segmentación de la agenda –a través de la cual se elijan aquellas áreas en las cuales el país necesita negociar de aquellas que no- y el reagrupamiento de las contrapartes –que permita una situación de poder relativo diferente- pueden resultar estrategias más provechosas para el país. Se requieren jugadas que en el plano de las negociaciones reduzcan las asimetrías que Argentina enfrenta y puedan generar mayores espacios para acuerdos de mutua conveniencia, en los cuales el país pueda mantener márgenes para sus políticas de desarrollo antes que la adhesión a un paquete cerrado de instrumentos que difícilmente se adapte a sus necesidades económicas y sociales.

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Juntos, pero no tanto: un recorrido por la agenda de negociaciones comerciales externas del MERCOSUR (1991-2015)

Artículo publicado en la Revista de Integración y Cooperación Internacional, de la Maestría en Integración y Cooperación Internacional de la UNR, N° 21. Disponible en http://www.cerir.com.ar/admin/_cerir/archivos/publicaciones/42/Revista%20Nro.%2021.pdf

Resumen

El objetivo de este trabajo es analizar el desarrollo de la dimensión externa del MERCOSUR en el período 1991-2015, constituida a partir de cuatro sub agendas, a saber: a) Las negociaciones del patrimonio histórico; b) Las negociaciones con socios de extra-zona Norte/Sur; c) Las negociaciones con socios de extra-zona Sur/Sur; d) Las negociaciones en los organismos multilaterales. Se sostiene que el MERCOSUR ha tenido un desempeño limitado en su accionar externo. Los problemas de coordinación intrabloque han ido en desmedro de la capacidad negociadora, y, en cuanto a resultados, una vez superadas las negociaciones del seno de la ALADI, en los nuevos acuerdos que han podido celebrarse, el volumen de comercio abarcado es bajo.

 

Palabras claves: MERCOSUR; Agenda Externa; Negociaciones Comerciales;

 

Abstract

The aim of this paper is to analyze the development of the external dimension of MERCOSUR during the period 1991-2015. This dimension is integrated by four subagendas, namely: a) the negotiations of the historical heritage; b) the negotiations with third-partners in the axis North / South; c) the negotiations with third-partners in the axis south / south; d) the negotiations in multilateral organizations. It is argued that MERCOSUR has had a limited performance in its external action. Intrabloc coordination problems have eroded the negotiating capacity; and as regards of the results achieved, once passed the negotiations of the ALADI, the coverage in terms of trade volume of the new agreements that have been concluded is low.

 

Key words: MERCOSUR, External agenda, Trade Negotiations

 

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El MERCOSUR en debate: “La agenda de los pesimistas”

Artículo de opinión publicado en el suplemento Comercio Exterior del Diario La Nación, el 19 de mayo de 2015. http://www.lanacion.com.ar/1793908-la-agenda-de-los-pesimistas

El futuro del Mercosur

La agenda de los pesimistas

¿Quiénes ganan y quiénes pierden con la hipotética flexibilización para que los socios del bloque negocien acuerdos comerciales de manera individual? Aunque las cuestiones pendientes son muchas, un análisis equilibrado debe contemplar los logros para los países y empresas

Por Julieta Zelicovich  | Para LA NACION

En las últimas semanas tomó impulso el rumor de que el Mercosur podría flexibilizar su postura respecto de la negociación de acuerdos extrazona y avanzar cada país de manera individual en esquemas bilaterales, o bien en esquemas de geometría variable con países extrazona. En los hechos esto significaría dar marcha atrás con la resolución 32/00 y con gran parte del espíritu con el que se constituyó el bloque regional. Cabe recordar que el Tratado de Asunción estableció como uno de sus propósitos “la adopción de una política comercial común con relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económico-comerciales regionales e internacionales”; este propósito no podría ser plenamente cumplido de avanzar la propuesta que algunos sectores –empresarios y gubernamentales– impulsan en Brasil, Paraguay y Uruguay, y que tiene mucho menor eco en Venezuela y la Argentina.
Estos sectores, pesimistas del devenir del bloque regional, miran en cambio con ansias hacia otras regiones (Europa y Asia) y hacia otros procesos de negociación y apertura del comercio (los acuerdos del TPP y TTIP). Arguyen que de ese modo, celebrando nuevos acuerdos comerciales, obtendrán mayores mercados para sus exportaciones. El lector no debe ser ingenuo: estos resultados no serían automáticos ni lineales, ni tendrían el mismo efecto para todos los sectores económicos. Claramente habría ganadores y perdedores en una apertura arancelaria profunda con Estados Unidos y la Unión Europea, o con los grandes jugadores de Asia Pacífico.

Por su parte, lo que los pesimistas no miran, o bien miran pero no ponderan, son los aspectos en los que efectivamente el Mercosur sí funciona y que podrían ponerse en riesgo de avanzarse en esquemas bilaterales que profundicen la erosión del arancel externo común y de las normativas comunes del bloque. Y es que los procesos de integración sólo logran transformarse en realidad cuando son incorporados a la vida de los ciudadanos y empresas de los territorios involucrados, y el Mercosur ha hecho un buen recorrido en ese sentido.

Así, a pesar de las dificultades en la coordinación de políticas entre los gobiernos del bloque, puede apreciarse entre los países miembros una “generación” de empresas para las cuales el Mercosur es una parte constitutiva de su negocio. Durante la última década el comercio intrazona exhibió una llamativa estabilidad: osciló entre el 13 y el 16% del total de las exportaciones de los países del Mercosur, con un valor promedio de 14%. Este porcentaje no obstante no se dividió en todos los socios por igual, sino que por ejemplo el Mercosur ha sido para la Argentina y Paraguay mucho más importante que para Brasil y Uruguay, cuyas empresas priorizan otros mercados (y de allí su interés en avanzar por fuera del bloque regional).

Por otro lado, es preciso destacar cuál es la composición del comercio al interior del bloque. En efecto, los intercambios intrabloque se distinguen por presentar una mayor agregación de valor que el resto de las exportaciones de las mismas economías.

Conforme a datos de la Aladi, para 2013, las manufacturas representaban 72,7% de las ventas de la Argentina al Mercosur, pero sólo el 33,1% de las exportaciones de este país al mundo. Para Brasil los valores son 83,3% en Mercosur, y 35,9% en las exportaciones totales. En Uruguay, las manufacturas son 56,9% de las ventas al bloque, pero 23,2% en las totales. Y por último, en el caso de Paraguay se constata un 8,08% en el Mercosur, y 11,5% en las totales.

El Mercosur como zona de libre comercio y como unión aduanera tiene una amplia agenda de política comercial pendiente para lograr los objetivos propuestos, pero ello no puede opacar la importancia que tiene actualmente el bloque regional para numerosas empresas de los países que lo componen -muchas de hecho, argentinas– y su potencialidad para lograr no sólo crecimiento, sino desarrollo de las economías, en función de las posibilidades que ofrece su mercado para la exportación de bienes con valor agregado. Estas cuestiones no deberían olvidarlas -ni ocultarlas– los pesimistas del Mercosur.

La autora es Doctora en Relaciones Internacionales. Becaria Posdoctoral del Conicet. Profesora de la Universidad Nacional de Rosario

Multilateralismo Vs Ley de la selva

Les comparto este artículo de Florencia Carbone (suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación, 27/01/2015), para el cual fui consultada sobre los 20 años de la OMC

Veinte años de la OMC

Multilateralismo versus ley de la selva

Aun cuando en el último tiempo el organismo vio caer su credibilidad por la demora en cerrar acuerdos, sigue siendo el gran foro de negociación y escenario de resolución de conflictos comerciales; el papel de la globalización y la fragmentación

Por Florencia Carbone  | LA NACION

 
Caricatura: Alejandro Álvarez

Si fuera un matrimonio, habría festejado sus “Bodas de porcelana” -ése es el elemento que según la tradición simbolizan los 20 años de unión-. En este caso se trata de la Organización Mundial del Comercio (OMC), institución que hoy reúne a 160 países y que casi haciendo honor a las características de la porcelana -dura, impermeable, resonante, de baja elasticidad pero altamente resistente al choque térmico- conmemora su fundación esforzándose por adaptarse a una realidad bien diferente de la que se vivía en enero de 1995. Veinte años después, el mundo está claramente más interconectado y al mismo tiempo, más fragmentado; con más (y algunos nuevos) protagonistas y definitivamente con una redistribución del poder que encuentra a los países emergentes sentados a la mesa principal.

Pero, ¿qué es la OMC? En la página oficial la definición describe que, ante todo y esencialmente, es un gran foro de negociación: una organización para liberalizar el comercio; un foro para que los gobiernos negocien acuerdos comerciales; un lugar para que resuelvan sus diferencias comerciales.

En este contexto, ¿cumplió la OMC con las expectativas de los comienzos? ¿Cuáles han sido -y cuáles son- los principales aportes de una estructura que en los últimos años perdió peso y credibilidad por causa de negociaciones eternas e inconclusas (como la Ronda de Doha, que empezó en 2001) y el surgimiento de los llamados megaacuerdos?

Félix Peña advierte que para evaluar los aportes que ha hecho y que podría hacer la OMC, se deben tener en cuenta la cantidad y calidad de cambios que se dieron en el mundo en los últimos 20 años y que generaron una realidad internacional que cada vez se vuelve más dinámica y compleja.

A la hora de enumerar los cambios más relevantes, señaló la redistribución del poder mundial y el protagonismo creciente de los emergentes -“aunque en realidad varios son re-emergentes”, aclaró-; la mayor conectividad entre los mercados y, de modo especial, la fragmentación de la producción en múltiples modalidades de cadenas de valor transnacionales -“por algo fue la OMC la que instaló el concepto de hecho en el mundo, sin el cual será cada vez más difícil entender el comercio y las inversiones entre los países”.

El director del Instituto de Comercio Internacional destaca tres aportes principales:

  • Las disciplinas colectivas en el comercio internacional. “Lejos de ser completas ni menos aún perfectas, sería difícil aspirar a ello en un mundo que es y seguirá siendo caracterizado por la distribución desigual de poder entre naciones que al menos formalmente son soberanas, las reglas y mecanismos de la OMC, provenientes en buena medida del período del GATT, permiten hoy un cierto orden en la aplicación de políticas e instrumentos nacionales que pueden incidir en el comercio mundial de bienes y servicios. Y eso es algo que conviene tanto a países grandes con intereses comerciales e inversiones muy diversificados a escala global, como a los con menor capacidad para imponer sus principios y reglas de juego en el comercio mundial.
  • La transparencia en las políticas e instrumentos que aplican los países a su comercio internacional. “En buena medida se logró a través de su revisión periódica con participación del conjunto de los países miembros de la OMC y con un activo papel del secretariado.”
  • Asegurar un sistema que permite abordar y resolver disputas que surgen entre los países miembros como consecuencia de un eventual y aparente incumplimiento de los compromisos asumidos.

En el ejercicio, Peña incluyó la variante “un mundo sin la OMC”. “Es fácil imaginar el cuadro de situación de no existir el sistema multilateral de comercio: un escenario en el que predominaría la “ley de la selva o, lo que es lo mismo, de el o los países con más poder relativo”.

Desde Brasil, Welber Barral, ex secretario de Comercio Exterior durante la presidencia de Lula Da Silva y actual director de Barral & Asociados, explica que las condiciones que permitieron la creación de la OMC no volvieron a repetirse.

“En 1994 había un consenso ideológico respecto del valor de la liberalización comercial; un liderazgo claro -de la Unión Europea y Estados Unidos-, y la perspectiva de crecimiento económico. Estos factores posibilitaron la creación de una organización con una estructura institucional compleja, pero donde las decisiones deben ser por consenso. En un mundo fragmentado, esto más que difícil, resulta imposible. Se hicieron muchos esfuerzos, especialmente en el marco de la Ronda de Doha, pero con pocos avances sustantivos, sea porque el tema agrícola todavía impide concretar la liberalización comercial o porque retos actuales -como la seguridad alimentaria y la crisis del empleo en muchos países- crean pesimismo en cuanto a las concesiones que son necesarias para lograr un acuerdo”, dijo.

EFECTO AZEVÊDO

¿Cambió algo la elección del brasileño Roberto Azevêdo como director general de la OMC? Julieta Zelicovich, doctora en Relaciones Internacionales y profesora de la Universidad Nacional de Rosario, cree que “si bien Azevêdo logró dotar a la OMC de un poco de aire hacia diciembre de 2013 con el paquete de Bali (el primer acuerdo de facilitación que logra el organismo), el alcance de su liderazgo ha sido limitado. Lo de Bali fue grandemente celebrado porque el horizonte de las negociaciones resultaba muy oscuro, pero en concreto su alcance ha sido escueto y su ratificación por el consejo general, bastante más compleja de lo que se suponía”.

Zelicovich explica que frente a eso, algunos países desarrollados están conduciendo negociaciones alternativas fuera de la OMC (los denominados megaacuerdos regionales), que ello “plantea la duda sobre un potencial desplazamiento de la importancia del organismo y que eso resulta perjudicial especialmente para los países en desarrollo, de menor tamaño, como la Argentina. Sin el amparo del multilateralismo las relaciones se rigen por las diferencias de poder relativo, y son pocas las chances de los pequeños de ver sus intereses reflejados en los acuerdos como los megarregionales. Por su parte, al verse desplazada su capacidad para regular el comercio, la OMC vería afectada sus otras funciones, como la del mecanismo de solución de diferencias”, detalló.

Para Barral, “la llegada de Azevêdo -uno de los más expertos negociadores comerciales- permitió algunos avances en lo que se refiere a la facilitación del comercio”. Sin embargo, señala que aún “falta mucho para lograr acuerdos sustantivos de reducción arancelaria y eso refuerza el riesgo de que la liberalización ocurra solamente en el marco de los megaacuerdos regionales, lo que implica una pérdida de mercado para los grandes exportadores agrícolas, como la Argentina y Brasil”.

Zelicovich destaca que en 20 años, la OMC logró institucionalizar un régimen para el comercio multilateral y que a través del mecanismo de solución de diferencias posibilitó que Estados en desarrollo confronten las políticas de los desarrollados. “Con 160 Estados y más del 95% del comercio mundial rigiéndose bajo el mismo conjunto de principios, el balance resulta en términos generales, positivo. Pertenecer a este organismo parece resultar más atractivo que estar fuera. Ejemplo de eso son las adhesiones de China, en 2001, y de Rusia, en 2012, ambas luego de largos períodos de negociaciones”, agregó.

Así las cosas, a 20 de años del nacimiento de la OMC, quedan tan en claro la lista de pendiente del organismo, como su importante aporte al ordenamiento del comercio mundial. Su capacidad de adaptación definirá el lugar que ocupará en el futuro.

LECCIONES PARA LOS SOCIOS

¿Qué utilidad puede tener el sistema de la OMC para un país miembro, como la Argentina? Félix Peña cree que en los 20 años del organismo, las tres lecciones más relevantes son:

  • La OMC como sistema de reglas y mecanismos que inciden en el comercio mundial sólo puede ser bien aprovechada en la medida en que un país -y no sólo a nivel gubernamental- tenga claro qué quiere y qué puede lograr en sus relaciones comerciales con otros países y regiones del mundo. Lo que normalmente se denomina estrategia-país en el comercio y las inversiones internacionales. Implica definir bien los intereses ofensivos y defensivos y tener una apreciación correcta del valor que el país tiene -por distintos motivos que pueden trascender a los comerciales- para otros países. Ello permite apreciar el margen de maniobra disponible para el cumplimiento de los compromisos asumidos. Apreciar, sobre todo, qué margen tiene un país para no cumplir plenamente con sus compromisos -por cierto que, en tal caso, haciéndolo sin proclamarlo y de manera que no se note-.
  • Para todo eso ello se requiere que el país tenga muy buenos especialistas en las reglas y mecanismos de la OMC. Un país socio que tiene en claro la importancia de conocer bien las reglas de la OMC y sus matices para aplicarlas de la mejor forma a sus intereses, es Brasil.
  • Operar en la OMC implica por parte de un país miembro tener una fuerte vocación y capacidad para tejer alianzas con otros países, tanto a nivel gubernamental, como empresario y de la sociedad civil. Ello también implica un intenso aprovechamiento de la gente con experiencias prácticas en la competencia comercial global y en el sistema multilateral de comercio.

El peso de la «tradición» en las negociaciones multilaterales de comercio. El caso de Argentina durante la Ronda Doha

Articulo publicado en JANUS.NET, e-journal of International Relations, Vol. 5, n.º 1 (Maio-Outubro 2014), pp. 101-113Disponible en http://observare.ual.pt/janus.net/images/stories/PDF/vol5_n1/pt/pt_vol5_n1_art7.pdf

 

EL PESO DE LA “TRADICIÓN” EN LAS NEGOCIACIONES MULTILATERALES DE COMERCIO EL CASO DE ARGENTINA DURANTE LA RONDA DOHA

Resumen
El artículo estudia el impacto de la “tradición” como variable dentro de los análisis de política exterior. Considera para ello un caso particular, cual es el de la participación Argentina en las negociaciones multilaterales de comercio. El argumento central señala que para la  Argentina la tradición negociadora ha tenido un papel importante como orientador en las acciones de política externa en materia de las negociaciones multilaterales de comercio, especialmente en los momentos de crisis. Y que dentro de esta tradición, la principal variable en la configuración de las opciones de Argentina ha sido la de la estrategia de desarrollo.

Palabras claves:
Tradición; Política Exterior; Negociaciones comerciales; OMC; Argentina

 

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¿Hacia una mayor influencia? Análisis de la participación negociadora de países en desarrollo durante la Ronda Doha

Artículo publicado en la revista brasilera Conjuntura Global (vol 3, n°1 – 2014).

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2014 – Participacion de PEDs en NMC – Revista Conjuntura global

¿Hacia una mayor influencia? Análisis de la participación negociadora de países en desarrollo durante la Ronda Doha

Resumen:

Tradicionalmente las negociaciones comerciales multilaterales habían sido protagonizadas por los países desarrollados. En la Ronda Doha se identifica un conjunto de países en desarrollo, que de manera creciente han tenido una participación cada vez más activa, llegando a alcanzar considerables niveles de influencia. El objetivo de este artículo es indagar en las particularidades de la participación de estos Estados, a partir de un análisis comparado.

Palabras claves: Negociaciones Comerciales; Países en Desarrollo; Ronda Doha


“Towards a greater influence? Analysis of developing countries’ participation during the Doha Round”

Abstract:
Traditionally, multilateral trade negotiations had been protagonized by developed countries. During the Doha Round, we identify a group of developing countries that has incremented the activism of its participation, reaching considerable levels of influence. The
aim of this paper is to study the particularities of the participation of those states, from a comparative analysis point of view.

Keywords: Trade Negotiations; Developing Countries; Doha Round

URL: http://ojs.c3sl.ufpr.br/ojs2/index.php/conjgloblal/article/view/36189/22340

Señales: la OMC, en marcha

Dos artículos de María Florencia Carbone, publicados en el suplemento de comercio exterior del diario La Nación, del 24/12/13, donde participé con algunas lineas de análisis.

http://www.lanacion.com.ar/1650405-senales-la-omc-en-marcha y http://www.lanacion.com.ar/1650452-tiempo-de-reformular-la-agenda

Martes 24 de diciembre de 2013 | Publicado en edición impresa

Señales: la OMC, en marcha

Más allá de los efectos concretos del paquete aprobado en Indonesia, lo más importante que dejó la Conferencia de Bali fue que el multilateralismo aún está vivo; el futuro de Doha y la agenda global

Por Maria Florencia Carbone  | LA NACION

Bali, el sitio donde se firmó el primer acuerdo global en la historia de la OMC, es conocida como la Isla de los dioses. En un paralelismo místico, muchos se preguntaron si, influido por una suerte de “efecto Bergoglio”, así como el papa argentino hizo con la Iglesia, el brasileño Roberto Azevêdo podría despertar al organismo internacional de un letargo que ponía en riesgo el multilateralismo.

Si bien lo que ocurrió en Indonesia indica que al menos se logró aplicar un shock reactivador, lejos de razones espirituales, el consenso alcanzado obedece a presiones bien terrenales.

Julieta Zelicovich, magíster en Relaciones Comerciales Internacionales, becaria del Conicet y docente de la UNR, destaca “al menos cuatro factores”:

 

  • 1) Una superación relativa del pico de la crisis internacional que estalló en 2008. En el camino de recuperación de los principales indicadores económicos, los países han buscado reactivar sus negociaciones externas, tanto en la OMC como en otros foros regionales.
  • 2) El avance de las negociaciones “mega-rregionales” como el TTP (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica, por sus siglas en inglés, que incluye a 12 países entre ellos Chile, Perú, México, Estados Unidos, Japón y Singapur) y el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership, el acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea). La marcha de estas negociaciones frente a la parálisis que exhibía la OMC supone una amenaza a la forma de gobierno de las relaciones comerciales internacionales vigentes, sugiriendo que la vía preferencial, discriminatoria, puede resultar más efectiva que la multilateral. Alternativa que resulta perjudicial, especialmente para los países como la Argentina (de menor tamaño).
  • 3) Ninguno de los grandes actores del sistema estaba enfrentando de manera próxima un recambio de sus presidencias. Históricamente las transiciones políticas nacionales en estos Estados ha ido en contra de su voluntad de asumir compromisos en el plano multilateral, y por ende, alcanzar acuerdos.
  • 4) El liderazgo que pudo ejercer Azevêdo en el proceso de negociación, y que entre otros condicionó la conducta de Brasil.

 

Raúl Ochoa, de la Untref, cree que el acuerdo es importante porque permitió “revivir” la OMC y demostrar su gravitación para los temas de la economía y el comercio internacional que requieren soluciones globales.

Pero, en definitiva, ¿cuáles son los puntos sobresalientes del acuerdo?

Ricardo Rozemberg, investigador del Centro de Ideas-Unsam, destaca la reducción de trámites y la simplificación de los procedimientos aduaneros y portuarios (facilitación del comercio), y diferentes aspectos vinculados a la agenda del desarrollo, como la agricultura, el algodón, y algunas ventajas específicas para las economías de menor desarrollo relativo.

Sin embargo, aclara: “La mayor parte de esos acuerdos son parciales y, en el mejor de los casos, sus impactos serán visibles en el mediano plazo. Bali tiene la virtud de haber sido “vendida” como la Conferencia del resurgimiento de la OMC -que hasta pocos días antes de comenzar parecía condenada al fracaso-. Así el mérito no menor de Azevêdo fue encontrar una forma creativa de generar un consenso sobre títulos de temas importantes, pero cuyos compromisos concretos están por verse”.

Félix Peña está convencido de que un fracaso de la Conferencia no era bueno para nadie y, de hecho, cree que “haber evitado el fracaso es de por sí el principal resultado de Bali”.

La Conferencia se pareció a una novela de suspenso.

Los 159 Estados-miembros que participaron del encuentro llegaron a Indonesia en un clima de fracaso anticipado. Sin embargo, la sensación se revirtió de modo sorprendente a las pocas horas de comenzadas las reuniones. Una luz al final del túnel que sólo duraría hasta que India hizo pública su firme oposición.

India exigía poder aumentar sus subvenciones agrícolas y entonces se acordó una primera prolongación de la reunión que debía concluir el viernes 7 al mediodía.

Logrado el consenso con India y cuando todo parecía encarrilado, el freno apareció con sello latinoamericano: en la madrugada del sábado Cuba (acompañada en su reclamo por Bolivia, Nicaragua y Venezuela), se negó a sellar el acuerdo porque se había retirado del texto una referencia al embargo norteamericano sobre la isla.

NUEVA EXTENSIÓN

El sábado 8 por la mañana se encontró finalmente una fórmula que dio vida al primer acuerdo en la historia de la OMC.

Peña opina que el éxito se debe, principalmente a que el documento final logró reflejar los intereses y expectativas de todos. “El mejor homenaje que se hizo que en Bali a Nelson Mandela (falleció dos días antes de que comenzara la Conferencia) fue el recuerdo de una de sus frases emblemáticas, evocada por el presidente de la Conferencia: “Siempre parece imposible hasta que está hecho”, dijo.

Ochoa enfatiza que la facilitación del comercio es el punto central de los acuerdos logrados, “ya que en subsidios agrícolas lo obtenido es una impasse y una cláusula de paz para la seguridad alimentaria sostenida por la India que permite al resto de los países continuar con sus subsidios a pesar de su compromiso para finalizar este año”.

Luego, un mensaje parroquial: “La facilitación tiene un plazo hasta mediados de 2015 para su implementación, esperemos que para esa época nuestro país haya resuelto sus problemas y pueda dejar sin efecto sus actuales restricciones”, comenta Ochoa.

Todo lo ocurrido deja varias lecciones.

“Para que la OMC pueda ejercer cabalmente sus funciones, es imprescindible comprender que hay realidades y necesidades diferentes, que requieren de un marco flexible y comprensivo que las atienda”, dice Ochoa quien se apura a señalar que este “resurgir” de la OMC tiene fecha de vencimiento.

“Lo ocurrido otorga un tiempo para encarar reformas y preparar una nueva agenda que no es ilimitado. Nada hace suponer que se detenga el avance de las negociaciones de los megaacuerdos ya lanzados, pero mientras tanto hay ciertas condiciones objetivas para que un grupo importante de los que prevalecen en la economía y el comercio internacional y trabajen en pos de un temario acorde a estos tiempos y a las cuestiones que ningún megaacuerdo por grande que sea, puede resolver, como las normas medioambientales relativas al comercio y la inversión.”

Rozemberg, agrega: “Bali deja implícito el reconocimiento de que el sistema de Rondas de Negociación basadas en el principio del “single undertaking”, resulta muy difícil de aplicar en un mundo cada vez más democrático, donde los países en desarrollo e incluso los de mayor atraso relativo, ocupan un lugar más importante en el actual contexto político y económico internacional (y por tanto en las negociaciones multilaterales). Dicho de otro modo, la fórmula de avanzar en acuerdos sobre temas específicos, en una agenda mucho más limitada que la que se viene negociando en la Ronda de Doha, luce como inédita en el ámbito de la OMC”.

Queda claro que más que el cierre de un proceso de negociaciones, Bali significa la apertura de una nueva etapa.

Como destaca Zelicovich, el consenso logrado, aun sobre un conjunto acotado de complejos temas, implica un importante grado de legitimación para la OMC que demuestra así que sigue siendo un foro legítimo, con mecanismos eficientes para las negociaciones multilaterales.

Bali no sólo revivió a la OMC sino al multilateralismo. El tiempo dirá si sólo se trató de una falsa mejoría.

HECHOS Y DICHOS

El significado del acuerdo y la visión de los expertos

 

  • Logros
    El “paquete de Bali”.
    El acuerdo alcanzado en Indonesia, es el primero que la OMC concreta desde su creación, en 1995.
  • Efectos I.
    Según el Instituto Paterson de Economía Internacional, con sede en Washington, el acuerdo inyectaría alrededor de US$ 960.000 millones a la economía mundial y crearía 21 millones de empleos (de los cuales 18 millones, en los países en desarrollo).
  • Efectos II.
    El desenlace de la cumbre de Bali es una importante victoria personal para el brasileño Roberto Azevêdo, que dirige la OMC desde septiembre último.
  • De qué se trata
    Doha “light”.

    El acuerdo de Bali, que representa menos del 10% del ambicioso programa de reformas de Doha, tiene tres ejes principales: agricultura (con un compromiso de reducir las subvenciones a las exportaciones); la ayuda al desarrollo, (prevé una exención creciente de los aranceles para los productos procedentes de los países menos desarrollados), y la facilitación de intercambios (pretende reducir la burocracia en las fronteras).
  • Qué piensan
    Roberto Azevêdo.

    El director del organismo internacional, comentó: “Por primera vez en su historia, la OMC ha cumplido sus promesas”.
  • Dilma Rousseff.
    La presidenta de Brasil dijo que el fin de los estancamientos globales se encuentra en acuerdos multilaterales y “no en la imposición de los más fuertes sobre los más débiles”.
  • Simon Evenett.
    El experto en la OMC de la Universidad de St. Gallen, en Suiza, sostuvo: “”Es un acuerdo bienvenido pero limitado. Hemos pasado de ‘Doha’ al ‘Doha Light’, y ahora al ‘Doha Light descafeinado’. No se ha registrado ningún avance serio sobre las subvenciones agrícolas a la exportación, el comercio electrónico o las subvenciones sobre las exportaciones de algodón”.
  • Kevin Gallagher.
    El analista de la Universidad de Boston dijo a AFP: “Es una victoria agridulce. Desgraciadamente, más que hacer honor al multilateralismo, las grandes potencias se van a inclinar hacia los acuerdos regionales para defender las propuestas difíciles que han sido rechazadas en la OMC”.

El temario pos-Bali

Tiempo de reformular la agenda

    

¿Cuál es la agenda pos-Bali? Según Julieta Zelicovich, “comprende la transformación de algunos de los temas de Bali en documentos vinculantes y la resolución del resto del paquete de Doha: las cuestiones de las reducciones arancelarias en bienes industriales, las de acceso a mercados en materia agrícola, la de los subsidios aplicados en agricultura, las referidas a normas como las de antidumping, o indicaciones geográficas. Un paquete más amplio, y complejo, donde el dibujo de ganadores y perdedores es más contrastante que en los temas abordados en Indonesia”.

Además de eso -señala–, la OMC tiene pendientes debates sobre una nueva agenda de temas que afectan hoy al comercio y que sólo tienen abordaje bilateral o plurilateral “con suerte”: cuestiones ambientales, proteccionismo del sector privado, fluctuaciones de precios, etc. “Este paquete máximo difícilmente puede arreglarse en 5 o 10 años, porque requiere de una revisión de las metodologías de abordaje. La experiencia de Bali muestra que es posible adoptar un enfoque escalonado, que deje atrás la idea del single undertaking”.

Respecto del futuro de la Ronda de Doha, Raúl Ochoa es terminante: “Con el formato original ya no es viable. Hay que reinventarla incluyendo parte de los nuevos temas (inversiones, normas medioambientales, cláusulas laborales, compras gubernamentales, políticas cambiarias y subsidios). De no ser así, la OMC lenta pero progresivamente perderá importancia como marco jurídico institucional del comercio”.

Ricardo Rozemebrg, por su parte, señala que habrá que ver en los próximos meses si el formato de negociación de Bali se consolida como una nueva vía para alcanzar acuerdos parciales por parte de la OMC o si se retoma la agenda más extensa y completa que se venía negociando. “Las negociaciones para crear megabloques ponen presión sobre la negociación multilateral. Para algunos analistas, los resultados y avances que estos emprendimientos pueden alcanzar en materia de reglas, disciplinas, inversiones y servicios, podrían actuar en pos de avanzar hacia la convergencia de futuros acuerdos multilaterales en esos temas.”.