Argentina y el TPP

Artículo publicado en Bastión Digital el 5/04/2016

 

Argentina y el TPP

Uno de los anuncios más resonantes de la Cancillería argentina tras la visita de Barack Obama fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo refuerza la intención del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP). ¿Está Argentina preparada para encarar esta negociación?

Tras la visita de Obama, uno de los anuncios más resonantes de la cancillería argentina fue la firma de un acuerdo marco en materia de comercio e inversiones con los EEUU. Este acuerdo, si bien solo establece áreas de cooperación e interés común, refuerza la intención anunciada semanas antes respecto de la ambición del gobierno de Macri de negociar su ingreso al Acuerdo Transpacífico (TPP).

Mientras que el gobierno puede haber considerado oportuno el timing de su anuncio en función del contexto político y económico local, en el plano internacional debe considerarse cómo se constituye el tablero de la negociación, cuáles son sus reglas y cuál es la condición en la que se encuentra Argentina para encarar dicho proceso.

Y es que el TPP no es simplemente un acuerdo de libre comercio. Tras varios años de negociación, este acuerdo fue firmado formalmente en febrero de 2016 entre 12 países –EEUU, Australia, Canadá, Japón, Malasia, México, Perú, Vietnam, Chile, Brunei, Singapur y Nueva Zelanda- que conjugan aproximadamente el 40% del PBI global. En sus 30 capítulos y poco más de 650 páginas, se disponen no sólo las reglas de acceso a mercados para el comercio de bienes, sino también compromisos en materia de administración aduanera y facilitación del comercio, así como la liberalización del comercio de servicios, servicios financieros, comercio electrónico y entrada temporal de personas de negocios. El tratado profundiza los compromisos de OMC en materia de defensa comercial, medidas sanitarias y fitosanitarias y obstáculos técnicos al comercio. Incorpora a su vez un capítulo destinado a garantizar las protecciones a inversiones de un Estado parte en el territorio de otro, y otro capítulo específico para la protección de la propiedad intelectual. Se incluyen también aspectos relativos a las telecomunicaciones, la contratación pública, la regulación de la competencia, el disciplinamiento de las empresas del Estados, cuestiones laborales y ambientales. Se establecen disciplinas comunes incluso sobre los procesos regulatorios de los Estados, y la transparencia en los procesos administrativos y judiciales. Sobre ese conjunto normativo es que la Argentina pretende negociar. No es solo el acceso a mercados, sino una agenda extensa de regulaciones “más-allá-de-la-frontera”, un tablero en el cual la Argentina ha incursionado poco y nada en el ámbito internacional.

La primera cuestión refiere a las reglas del juego. Debe notarse que el acuerdo no está en vigor. Es decir, no ha recibido aún las ratificaciones necesarias y le esperan arduas discusiones en los legislativos de los principales países firmantes. Se requiere que hayan pasado dos años y al menos 6 países signatarios originales -que reúnan el 85% del PBI de tal grupo- ratifiquen el TPP para que este entre en vigor. Sólo entonces podrá Argentina llevar adelante su adhesión, suponiendo que para ese entonces ha resuelto la manera de hacerlo en el marco del MERCOSUR. Según lo establecido en su artículo 30.5 el TPP está abierto a “(b) cualquier otro Estado o territorio aduanero distinto que las Partes puedan acordar, que esté preparado para cumplir con las obligaciones de este Tratado, sujeto a los términos y condiciones que puedan ser acordados entre el Estado o el territorio aduanero distinto y las Partes, y previa aprobación de conformidad con los procedimientos legales aplicables de cada Parte y el Estado o territorio aduanero distinto adherente (candidato a la adhesión).” En gran medida se trata de un “tómelo-o-déjelo” en el cual las reglas del juego disponen que sólo hay margen para alguna flexibilización en los plazos pero no en las metas, y que requiere del acuerdo y ratificación de cada Parte integrante del acuerdo.

La segunda cuestión nos remite a la delimitación de un interés en común. Toda negociación comercial requiere en efecto que exista un área de interés en común en la cual las partes puedan sacar provecho a través de una acción cooperativa. Aquí, mientras que Argentina ha deslizado su intención de ingresar al acuerdo como una forma de redefinir su inserción internacional, no ha existido una respuesta semejante de la/s contraparte/s. Esta asimetría de intereses fortalece la posición negociadora de los países signatarios del TPP frente a cualquier posición de Argentina. Simplemente, su “mejor alternativa al acuerdo negociado” (conocido como BATNA por sus siglas en ingles) –incluso su status quo actual- es muy superior a la de Argentina. Esta diferencia se acentúa si se considera que la composición de las canastas de bienes exportables argentina no es complementaria con los principales países del TPP, sino que más bien tiene –en términos de Stiglitz- “ventajas comparativas en el lugar equivocado”.

La última cuestión a considerar son los recursos o competencias que presenta Argentina para la negociación. La diferencia en el tamaño del BATNA, mencionado en el párrafo anterior, ya origina una situación desventajosa para la Argentina. Por su parte, si bien el poder de mercado del país se ve fortalecido por la pertenencia al MERCOSUR, la capacidad que tiene Argentina para hacer promesas o amenazas en términos de su mercado en el proceso de negociación es relativamente más baja a la de la contraparte. Asimismo, debido al crecimiento de la aplicación de medidas de  administración del comercio de 2009 a esta parte, el país carece de un poder blando significativo que pudiera aplicarse a una negociación comercial.

Desde la perspectiva de las negociaciones comerciales internacionales, la situación de Argentina frente al TPP parece más adversa que ventajosa. La segmentación de la agenda –a través de la cual se elijan aquellas áreas en las cuales el país necesita negociar de aquellas que no- y el reagrupamiento de las contrapartes –que permita una situación de poder relativo diferente- pueden resultar estrategias más provechosas para el país. Se requieren jugadas que en el plano de las negociaciones reduzcan las asimetrías que Argentina enfrenta y puedan generar mayores espacios para acuerdos de mutua conveniencia, en los cuales el país pueda mantener márgenes para sus políticas de desarrollo antes que la adhesión a un paquete cerrado de instrumentos que difícilmente se adapte a sus necesidades económicas y sociales.

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Globalización: llegó la era del pacífico

Artículo en co-autoría con el Lic. Esteban Actis, publicado en el suplemento de comercio exterior del diario La Nación, el 06 de Agosto de 2013.

Url: http://www.lanacion.com.ar/1607732-globalizacion-llego-la-era-del-pacifico

 

Globalización: llegó la era del Pacífico

La consolidación de la Alianza del Pacífico provoca un desequilibrio regional en materia de inserción internacional e inversiones

Por Julieta Zelicovich y Esteban Actis  | Para LA NACION

 

 
Foto: Alejandro Álvarez

 

La Alianza del Pacífico, proceso de integración lanzado en abril de 2011 entre México, Chile, Colombia y Perú, ha irrumpido en la monótona dinámica de la integración de la región latinoamericana, generando gran atención entre académicos, periodistas, políticos y empresarios.

Se trata de una iniciativa entre cuatro países medios, relativamente homogéneos entre sí, que ya compartían varios acuerdos de integración, pero que decidieron necesario profundizar tales vínculos frente a los desafíos del siglo XXI.

En un contexto donde en la región había predominado un tipo de integración “pos liberal” más centrada en los elementos políticos y sociales (como la Unasur), la Alianza del Pacífico emerge como un esquema diferenciado, dando lugar al primer caso de “regionalismo del siglo 21” en América latina.

Se trata de una integración centrada en el nexo de comercio-producción-servicios, específico de esta etapa de la globalización, donde la producción se segmenta geográficamente integrando cadenas globales de valor (CGV). Se apunta a las barreras más allá de las fronteras, a los acuerdos bilaterales de inversión, y a algunas reformas unilaterales.

A partir de diversos tratados preexistentes, el comercio entre los países de la Alianza del Pacífico ya contaba con preferencias que llevaban a que los flujos del comercio contasen con un arancel cero, con pocas excepciones.Sin embargo, para comienzos de 2013 el volumen del comercio intrazona rondaba sólo el 7% del total de los intercambios, centrado mayormente en el intercambio de productos primarios y sus derivados, y secundariamente en bienes intermedios de la industria de los alimentos, del plástico y del automóvil.

Frente a esta situación, en el plano interno, la Alianza del Pacífico propone dotar de mayor profundidad a la integración. A ello se dirigen dos procesos: uno de armonización de los acuerdos existentes entre estos países y otro de generación de nuevas normativas en común. Se trata más de una integración positiva (construir normas estableciendo pisos mínimos de estándares por cumplir) que negativa (eliminar barreras preexistentes, como aranceles).

En el plano externo, la Alianza tiene un foco específico en las negociaciones de un acuerdo más ambicioso: el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés). México, Colombia, Chile y Perú, de forma colectiva, pretenden convertirse en una plataforma de articulación política de integración económica y comercial, y de proyección al mundo con especial énfasis en el Asia del Pacífico.

Con estos objetivos, los gobiernos de los países en cuestión, junto con el sector empresario, avanzaron en nuevos acuerdos regionales que dieron origen a decisiones de apertura unilateral en temas contenidos en la Alianza.

LA ENCRUCIJADA DE BRASIL

Este proceso novedoso de la Alianza del Pacífico, interpela en forma directa a las estructuras existentes en la región, sobre las cuales Brasil monta su liderazgo, y condiciona las preferencias de sus pares. Las opciones regionales de Brasil distan de avizorar algún acercamiento del gigante sudamericano a la Alianza del Pacífico.

La apuesta regional de Brasil en la última década ha tenido tres ejes. En primer lugar, el mantenimiento y ampliación de la unión aduanera (Mercosur) con tarifas externas elevadas. En segundo, un bilateralismo selectivo en búsqueda de nuevos mercados -en donde se destacan los países con costa en el pacífico-, y por último, el liderazgo de un integración de toda América del Sur -regionalismo pos liberal-como es la Unasur.

En términos económicos, este esquema le fue funcional a Brasil para la expansión regional de su sector industrial. Las principales empresas brasileñas tienen importantes inversiones es su contexto contiguo y, a su vez, el 84% del total de las exportaciones a América del Sur son manufacturas.

Los países de la región ocupan el primer lugar de destino de las exportaciones de origen industrial, superando la suma de las exportaciones del sector de Estados Unidos, China y la Unión Europea.

Desde algunos sectores políticos al interior del Brasil argumentan que el principal elemento que impide algún tipo de acercamiento a la Alianza del Pacífico está en las cegueras ideológicas del gobierno que lidera el PT, principalmente en torno a la noción de libre comercio. En realidad, las razones obedecen a condicionantes más profundos que están estrechamente relacionados con diversas opciones nacionales e internacionales que se presentan de manera diferenciada en Brasil, Chile, Perú y Colombia.

En el caso de estos tres últimos se observa una adopción y mantenimiento en el tiempo de una estrategia de desarrollo de corte liberal, cuyo correlato en el plano de la inserción económica internacional se liga a la apertura y eliminación de restricciones al comercio y capital, siendo los tratados de libre comercio (TLC) uno de los mecanismos centrales, y la inserción en las CGV uno de objetivos deseados.

Asimismo, presentan un tipo de relación con Estados Unidos basada en el acoplamiento/acomodamiento, donde la agenda positiva pasa por el pilar económico a partir de una cosmovisión compartida en la noción de democracias occidentales liberales. A ello se le suma la pertenencia de estos países a la OCDE (la integran Perú y Chile, y Colombia ha solicitado su ingreso). A su vez, estos países aceptan la correlación de fuerzas en el sistema internacional y perciben que deben insertarse en el mundo como “periferia moderna” en donde la adaptación a las nuevas formas de producción en la globalización es la llave para el progreso y el desarrollo.

MODELO HÍBRIDO

Por su parte, Brasil muestra una estrategia de desarrollo híbrida desde fines de los ochenta, que conlleva tensiones y aspectos selectivos en la apertura económica internacional.

Existe un mantenimiento del rol activo del Estado y de políticas comerciales defensivas que intentan preservar un entramado industrial con dificultades de competitividad, y su modelo de vinculación con Estados Unidos es de “oposición limitada”, donde la agenda negativa está relacionada a los contrapuntos económicos y a un intento de consolidar el alcance global de su liderazgo regional a partir de la diversificación de los vínculos externos principalmente con el Sur y otras de las denominadas potencias emergentes (Brics).

Paralelamente, se reconoce un convencimiento de gran parte de la dirigencia política de Brasil de que el país tiene que ser un polo de poder en un orden internacional de carácter multilateral y abandonar así el tradicional lugar de periferia.

Estas divergencias sobre el modelo de desarrollo, como en el rol político y económico que se pretende jugar en el sistema internacional, enfatizan la diferencia de las apuestas emprendidas por el flamante proceso de la Alianza del Pacífico y el entramado de acuerdos regionales que comanda Brasil, entre los que se encuentra el Mercosur. Las opciones no son excluyentes entre sí, aunque las posibilidades de emulación entre una y otra son muy complejas, debido a los constreñimientos mencionados.

LAS MEDIDAS

En materia comercial lo más relevante de lo negociado por la Alianza del Pacífico ha sido el abordaje de las excepciones a la regulación del comercio preexistente (se comprometieron a desgravar el 90% del comercio) y la redefinición de los requisitos de la norma de origen. Este punto favorecerá el desarrollo de mayores encadenamientos productivos entre los cuatro países y atraerá la radicación de inversiones. De tal forma se trata de un paso importantísimo del esquema regional para adaptarse a las cadenas globales de valor. Otros puntos relevantes son la adopción de un sistema de ventanilla única para todas las gestiones aduaneras intrazona y la profundización de la cooperación regulatoria que garantiza el efectivo cumplimento del acceso a los mercados. El aspecto financiero, complementa estos avances, con la creación del Mercado Integrado Latinoamericano, primera iniciativa de integración bursátil transnacional, que abarca a Perú, Chile y Colombia, y cuyos valores negociados se asemejan al Bovespa de Brasil.

 

La reacción argentina

El nuevo regionalismo no está en la agenda nacional

    

Tanto por factores externos como por factores internos, desde la crisis de 2008, las opciones estratégicas regionales de la Argentina se han visto reducidas.

Brasil, el Mercosur y Venezuela -en ese orden- constituyen el núcleo actual de esas opciones.

La irrupción de la Alianza del Pacífico no hace más que acentuar este recorte, al plantearse en la región una interpelación de la globalización distinta de la adoptada por el gobierno nacional, y también a la elegida por Brasil.

Aun así, resulta notorio que en el país el regionalismo del siglo XXI no integre las discusiones de política externa.

Las innovaciones que introduce la Alianza del Pacífico no parecen permear la agenda de políticas dirigidas a la integración regional que impulsa el país.

Sin embargo, en los socios del Mercosur, el debate sí ha estado presente. Mientras que en la retórica brasileña ha primado la preservación de los ejes actuales, las opciones planteadas por la Alianza del Pacífico han seducido a Paraguay y Uruguay, quienes ya son miembros observadores de la misma.

Esta situación, sumada a las reticencias que generó el ingreso de Venezuela al bloque, y la suspensión de Paraguay en 2012, ha puesto en riesgo la cohesión del Mercosur.

La profundización de estas tendencias no aportarían nada bueno para el país: la consolidación de la Alianza del Pacífico como bloque regional, la pérdida de cohesión del Mercosur, y un incremento de las tensiones bilaterales con Brasil, son el peor de los escenarios regionales planteados para la inserción internacional de la Argentina.

Profundizar la integración con Brasil y con el Mercosur, sigue siendo para la Argentina, la vía más inmediata y viable de interacción en la región..

La Argentina, bajo revisión

Artículo publicado en el suplemento de Comercio Exterior del diario La Nación, el martes 26 de marzo de 2013, edición impresa, en ocasión del paso de Argentina por el examen de política comercial de la OMC.

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Análisis

La Argentina, bajo revisión

 

Por Julieta Zelicovich  | Para LA NACION

Uno de los objetivos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) es favorecer la transparencia en las relaciones comerciales entre sus miembros. Tener información en comercio exterior permite optimizar recursos, y por ende, aumentar las ganancias. Pero ¿qué pasa cuando es el propio país el que debe someterse a examen? La semana pasada fue el turno de la Argentina de pasar bajo la lupa de la Secretaría de dicho organismo, y de responder a las preguntas de los otros miembros. ¿Qué muestran los documentos emitidos por la OMC? ¿Cómo se ve al país desde Ginebra? ¿Qué políticas son cuestionadas, cuáles enfatizadas?
El examen, que se realiza cada seis años en el caso de los países en desarrollo, consta de dos informes: uno elaborado por la Secretaría de la OMC, y otro presentado por el propio país. Durante dos jornadas, las partes exponen sus argumentos centrales y responden a las preguntas de los otros 158 miembros de la OMC.

Los documentos fueron publicados el jueves último, pero habrá que esperar seis semanas más para tener acceso a las actas de la reunión. No obstante, el análisis de la información disponible permite sugerir que la Argentina puede salir airosa del encuentro, aunque deberá ser más cuidadosa en las formas de llevar adelante sus políticas.

El informe de la OMC muestra un Estado activo, involucrado en los objetivos del desarrollo, la industrialización, y el crecimiento económico, pero a la vez señala las contradicciones inherentes al modelo de desarrollo, y deja entrever algunos incumplimientos de las normas internacionales, debido a “la aparente falta de transparencia en la aplicación de algunas medidas”.

Así el informe da cuenta de que el país recuperó los volúmenes de comercio afectados por la crisis de 2008-9 pero no pudo retomar los equilibrios de largo plazo. El papel de las pymes en los flujos del comercio exterior sigue siendo bajo, y a pesar de que la distribución de las exportaciones se mantuvo estable (dividida en tercios para productos primarios, MOI y MOA) “muchas de las exportaciones de productos manufacturados, por ejemplo, las del sector automotor, (que son el 35% de las exportaciones de manufacturas) son intensivas en insumos importados”. El superávit de la balanza comercial ha ido disminuyendo en los últimos años, y a partir de 2012, los indicadores de crecimiento parecen estancarse.

Vinculado a esta evolución, las alertas que emite el documento remarcan que “El uso de la política comercial para alcanzar objetivos de corto plazo”, conduce a un régimen comercial “menos predecible, y genera costos adicionales para la economía” e indica además que “la aplicación de la combinación de políticas [de promoción de las exportaciones y de la producción interna, en ocasiones a través de la sustitución de las importaciones] puede a veces generar efectos contrapuestos”.

Las licencias de importación y las medidas administrativas son los instrumentos más cuestionados. Éstas no parecen estar permitiendo mayor nivel de agregación de valor sobre los productos exportables, sino que están conduciendo a incrementos sobre los costos de la producción y la inflación, a la vez que generan incertidumbre en el plano internacional.

Los aranceles a las exportaciones son otro de los instrumentos sobre los que se detiene el informe. En las manufacturas, por el efecto sobre la inflación; y en materia agrícola, por los efectos que podría tener su aplicación en el precio mundial de estos productos (cuestión no menor si se considera el crecimiento en el plano multilateral de los temas vinculados a la soberanía y la seguridad alimentaria).

No todo es negativo, la Argentina puede jactarse de algunos éxitos, relevados en el informe: se destaca la política de desendeudamiento, el crecimiento del PBI y la obtención de superávits primarios en las finanzas públicas que “durante el período examinado, permitieron reducir la proporción de la deuda pública, pasando de más del 60% del PBI en 2006 a un 41,6% en 2011”. Es señalado como uno de los países que más intensivamente recurre a las medidas antidumping, lo que sugiere un aprovechamiento superior de los recursos disponibles permitidos para la protección de la industria nacional. Y tiene un reconocimiento expreso por su activa participación en los distintos foros de la OMC, y en particular en la defensa de la cuestión agrícola en la Ronda Doha.

Tras la publicación del informe, actores claves como los EE.UU. reconocieron el aporte de la Argentina en materia de biotecnología para la agricultura, y los esfuerzos para terminar con los subsidios a la pesca, aunque continúan sosteniendo que las diferencias que tiene con el país en materia de restricciones a las importaciones no se resuelven con la eliminación de las licencias no automáticas, sino que requieren de mayor transparencia. La Unión Europea por su parte no perdió la oportunidad de plantear en el plano multilateral que la “predictibilidad y certezas” han de resultar claves para las relaciones de inversión y comercio en el largo plazo, expresando en particular su descontento con el cumplimiento argentino de los tratados bilaterales de inversión (una forma diplomática de referirse a los casos en el Ciadi y a la nacionalización de YPF).

Dado que los elementos más cuestionados por el informe ya son objeto de controversias dentro del órgano de solución de diferencias de la OMC, no parece probable que la Argentina deba enfrentar nuevas consecuencias jurídicas tras el examen. Su publicación debería ser un llamado al debate público acerca de la sustentabilidad y coherencia de las medidas aplicadas, y la necesidad de tener un entramado productivo cada vez más integrado a la globalización sobre la base de la confianza, la transparencia y la predictibilidad..

Política comercial externa y negociaciones multilaterales de comercio en la estrategia de inserción internacional de la Argentina pos default

Ponencia  presentada en la Jornada de Debate “La Agenda de la Política Exterior Argentina: Inserción Regional y Extra-regional a partir del escenario pos default” desarrollada el día Lunes 28 de mayo de 2012 en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR, en el marco del Proyecto de Investigación “La Política Exterior Argentina: Enfoques, Actores y Temas de Agenda”

“Política comercial externa y negociaciones multilaterales de comercio en la estrategia de inserción internacional de la Argentina pos default.”

Resumen:

En este trabajo se analizan las líneas centrales de la política comercial externa aplicada desde 2003, considerando en particular su impacto en la posición negociadora  del país en las negociaciones de la Ronda Doha, de la Organización Mundial de Comercio (2001-2011).Se buscará comprender la manera en la que tales definiciones han afectado la composición de las demandas de negociación, contribuyendo o limitando su credibilidad en el foro multilateral

Descargar: ZELICOVICH – JORNADA

comentarios: jzelicovich@yahoo.com.ar

Política comercial en clave internacional

Nota de Opinión publicada el martes 24 de abril de 2012 en el suplemento Comercio Exterior, del diario La Nación. http://www.lanacion.com.ar/1467515-politica-comercial-en-clave-internacional

Opinión

Política comercial en clave internacional

No se trata de no aplicar herramientas legítimas para el comercio, sino de medir costo-beneficio y diseñar una estrategia

Por Julieta Zelicovich  | Para LA NACION

Durante la última reunión del Consejo del Comercio de Mercancías, de la Organización Mundial de Comercio el 30 de marzo, la Argentina fue el centro de los reclamos de países desarrollados y en desarrollo afectados por las medidas comerciales aplicadas en el país. Tal presentación, que no debería sorprender a muchos (debido al crecimiento en las medidas implementadas y dado que no es la primera vez que el país enfrenta reclamos similares), constituye un hito para la reflexión sobre la estrategia en clave internacional de la política comercial externa.
Desde 2005, y especialmente a partir de 2008, los aranceles a la exportación, las medidasantidumping y compensatorias, y las licencias no automáticas de importación se han convertido en la principal vía mediante la cual la Argentina define su relación comercial con el mundo.Al mismo tiempo existió también una activa diplomacia ofensiva en la búsqueda de nuevos mercados, y en la celebración de acuerdos comerciales, especialmente en el eje Sur-Sur. Sin embargo, en oportunidades, como por caso en las negociaciones para el acceso a nuevos mercados, la promoción de las exportaciones entró en contradicción con la parte defensiva de la propia política comercial externa, dejando así un rastro de inconsistencias difíciles de reconciliar.

En múltiples ocasiones las medidas implementadas no han tenido en cuenta el contexto internacional en el cual se desarrollaban, ni los objetivos planteados por la propia Argentina en materia de las negociaciones internacionales. Durante los últimos años los instrumentos utilizados para restringir las exportaciones, especialmente agrícolas, significaron costos en términos de pérdida de credibilidad de las demandas argentinas tanto en las negociaciones desarrolladas en la OMC, como en las negociaciones de libre comercio entre el Mercosur y la UE, así como en los debates en el marco de la FAO.

Las herramientas de limitación de las importaciones repercutieron aún con más peso en los vínculos bilaterales y en los organismos internacionales. Estos elementos muestran una aparente carencia de estudios estratégicos en términos de las relaciones económico-políticas-diplomáticas a la hora de decidir sobre qué sectores aplicar esas medidas.

La presentación contra la Argentina en la OMC puede inscribirse en tal análisis.

El uso intensivo de las licencias no automáticas de importación, y la implementación de los requerimientos de compensación de los flujos de comercio exterior, y de la declaración jurada anticipada de importación han suscitado un impacto directo en dicha organización, exponiendo al país a un posible panel en el Organo de solución de diferencias. Además, tales medidas están generando efectos sobre diferentes estrategias:

  • En la diversificación de mercados. La denuncia puso de manifiesto los límites de las políticas de “dos caras” respecto de países como Taiwán, Tailandia, Japón y Corea, los cuales fueron para la Argentina objeto de una gran cantidad de medidas antidumping y compensatorias desde 2009, pero a la vez integraron los destinos entre los cuales la Presidenta buscó promover nuevos mercados para las exportaciones, a través de misiones como la de la India (2009) y Asean (2010).
  • En la negociación de acuerdos comerciales de libre comercio. Las medidas mencionadas, a las que deben sumarse otras como las llamadas retenciones, además de motivar diversas presentaciones en el plano multilateral, erosionaron los esfuerzos diplomáticos argentinos por obtener mayores beneficios en el marco de las negociaciones comerciales desarrolladas entre Mercosur y UE, posibilitando que lobbies como el de la Asociación Europea de Agricultores y Cooperativas Agrícolas lograsen frenar las posibles concesiones para el acceso de productos agrícolas argentinos al Viejo continente. Si se considera la lista de los países que presentaron la declaración conjunta en OMC, contradicciones semejantes a las de la UE se dan también con Israel, con quien el Mercosur firmó un acuerdo de libre comercio, y con México, con quien está pendiente de resolución la regulación por el comercio de automóviles y autopartes.
  • En la participación activa en los foros internacionales. Las herramientas de política comercial defensiva utilizadas con intensidad han significado una pérdida de credibilidad y prestigio en los foros internacionales como la OMC o el G20, impactando negativamente en la influencia que el país pueda lograr en esos espacios.
  • En las relaciones regionales. Las vinculaciones con Brasil, Uruguay y Paraguay, así como con otros socios latinoamericanos, a los cuales los sucesivos gobiernos dieron una importancia fundamental para la inserción internacional también se han visto afectadas por las medidas. Si bien éstos no optaron por las demandas ante la OMC, si llevaron sucesivas reclamaciones diplomáticas entre los jefes de Estado y los cuadros burocráticos que han incrementado los niveles de tensión dentro del procesos de integración, y han exigido reiterados esfuerzos diplomáticos para su saneamiento.

El incremento de estos impactos, que puede explicarse, en parte, por los cambios internacionales desde 2008, obliga a revisiones en la forma en que se aplica la política comercial externa. Y es que si hasta hace poco la Argentina se beneficiaba de cierta “ventaja de la irrelevancia”, esto es de poder convertirse en uno de los países con más barreras al comercio del mundo (197, según elGlobal Trade Alert ) sin afrontar prácticamente ninguna represalia en la esfera internacional; la crisis que afecta a las economías desarrolladas, ha vuelto a los gobiernos -especialmente europeos y norteamericanos- altamente sensibles a cualquier política comercial adversa a sus intereses. Frente a ello deben redoblarse los esfuerzos diplomáticos a fin de mantener el equilibrio en relaciones consideradas claves como las del Mercosur o bien ante foros que pueden acarrear mayores consecuencias, como el de la OMC.

No se trata de no aplicar herramientas legítimas para el comercio, sino de pensar una política comercial con estrategia en clave internacional. Ello significa poder ponderar los efectos esperados de cada medida sobre el sector económico afectado vis a vis los costos que la implementación de dichas medidas puedan tener en la esfera internacional, según se afecte a sectores con lobbiesmás o menos poderosos dentro de las esferas de gobierno de los países contrapartes, ahora más que antes atentos a la evolución de tales indicadores de medidas de política comercial..

Consistencias e inconsistencias entre la política comercial externa y la política exterior en los gobiernos de Kirchner y Fernández de Kirchner

Trabajo presentado en  el X Congreso Nacional de Ciencia Política de la SAAP
“Democracia, Integración y crisis en el nuevo orden global” y publicado en el CD de dicho congreso

Ciudad de Córdoba – 27 al 30 de julio de 2011

Decargar ponencia: ZELICOVICH – SAAP 2011

 

comentarios a: jzelicovich@yahoo.com.ar

 

 

Resumen

 

El trabajo propone analizar la dimensión comercial de la política exterior argentina durante las administraciones de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner (2007-2011). Particularmente pone el foco en la articulación necesaria entre dicha dimensión y la política exterior en su conjunto, observando así sus consistencias e inconsistencias. El objetivo final es ver en qué momentos las políticas comerciales adoptadas implicaron costos para la política exterior y cuándo fueron un potenciador de la misma.

 

Abstract

 

The aim of this paper is to analyze the commercial dimension of Argentinean foreign policy during Nestor Kirchner’s (2003-2007) and Cristina Fernandez de Kirchner’s (2007-2011) administrations. It focuses on the necessary linkage between trade policy and foreign policy, its consistencies and inconsistencies. The ultimate goal is to find out at what times trade policy has become costly for foreign policy objectives, and when it has resulted to be beneficial for them.


Entrevista Radial “Mientras dura el conflicto con Brasil ponen a la diplomacia en alerta”

http://www.puntobiz.com.ar/noticia/articulo/58435/Mientras_dura_el_conflicto_con_Brasil_ponen_a_la_diplomacia_en_alerta.html

“Mientras dura el conflicto con Brasil ponen a la diplomacia en alerta”
Julieta Zelicovich, analista internacional del Conicet
20-05-2011 |  10:18 hs.


Julieta Zelicovich, licenciada en Relaciones Internacionales, y becaria rosarina del Conicet, analizó hoy la relación comercial que Brasil mantiene con Argentina y los sucesivos conflictos que se presentan a través de esta unión.

Desde el programa Base de Datos (FM 107.1de 8 a 10) se comunicaron con la analista internacional, quien explicó que finalmente a pesar de los roces y las medidas que se implementan desde un lado y el otro, la relación se normaliza siempre y sigue siendo de cooperación, pero que mientras duran las acusaciones “la diplomacia queda en alerta” .

La relación es siempre complicada con Brasil, ahora se vuelve a tensar con el caso de este intercambio bilateral comercial. ¿Cómo ves la relación con el socio mayor del Mercosur?

Sí, la relación es tensa, producto de la gran intensidad de flujo que ambos países tienen entre si. La situación se ha vuelto aún más conflictiva a partir de la implementación por parte de Argentina en el último período de medidas de defensa comercial que afectan directamente el comercio con Brasil y dejan a la relación en una situación de vulnerabilidad y dejan a la diplomacia en estado de alerta.

Pero, los términos de intercambio están siendo muy desfavorables con nosotros. Desde el otro lado dicen que no se puede pensar en una cosa distinta, que la Argentina es mucho más primaria, por lo tanto esos productos no tienen como destino Brasil, que es imposible que se acomoden los términos de intercambio. ¿Quién tiene la verdad?

La cuestión pasa por un serie de asimetrías que determinan como se va a realizar el comercio, pero no significa que Argentina debe exportarle a Brasil productos primarios. De hecho nuestra exportación de productos primarios argentinos no está destinada a Brasil.

¿Cuál puede ser un plan razonable para arreglar esta balanza bilateral?
Se necesitan políticas de fondo que entiendan las asimetrías estructurales. Desde la Argentina es necesario implementar políticas que incentiven la producción. Desde el Mercosur las medidas como las estructuras para atacar las asimetrías reguladas desde hace poco, son una guía, pero son insuficientes.

Nuestros empresarios locales no tienen herramientas como banca de financiamiento y organismos que promuevan por ejemplo las Pymes que sí hay del otro lado, y dicen pelean con desventaja.

Sí, Brasil tiene una posibilidad de subsidiar sus productores mucho amplia que la que tiene Argentina, y ese es uno de lo argumentos por los que desde Argentina se implementan este tipo de medidas que regulan el comercio.

De todas formas parecería que en estos roces fuertes la decisión esta pensada desde los dos lados, por avanzar por un terreno de negociación. 

La relación es de cooperación sin lugar a dudas. Periódicamente todos los años ha habido situaciones de roce como estas, en las cuales no siempre se ha llegado que Brasil implemente este tipo de medidas, pero debido a la presión que las medidas argentinas hacen con los lobbies brasileros, tarde o temprano generan roces, y aparece la importancia de la diplomacia para encausar la relación en una situación d e cooperación. Se había hablado antes de la paciencia de Lula frente a Argentina y eso es justamente lo que diferencia la relación con Brasil, o Chile, con quienes les acepta las medidas comerciales. Debido a la relación de interdependencia que hay por el proceso de integración, las cuestiones políticas se vuelven fundamentales para poder entender la regulación del comercio.
Por eso vemos que; a pesar de los conflictos que aparecen, a la semana o a los diez este tipo de reuniones logran sacar adelante la relación.

¿Se puede hablar de una cuestión estructural, de una decisión coyuntural de los brasileños. O bien se puede abonar esta hipótesis de que Lula había sido un poco más condescendiente con Argentina?

En términos estructurales, la relación va a seguir siendo de cooperación, vamos a encontrar en la política comercial de Brasil algunas medidas de defensa comercial, con mayor énfasis que el gobierno de Lula, pero que también tiene que ver con decisiones de producción y el momento en que se encuentra el comercio de Brasil. El Mercosur está afianzado como una de sus políticas estructurales, si bien va a haber mayor cantidad de este tipo de situaciones, no va a dejar de ser una relación de cooperación.