¿Es importante la OMC? una reflexión a 20 años del acuerdo de marrakech

Hace algunos días me contactó una periodista para consultarme para una nota que ella estaba preparando sobre los 20 años de la Organización Mundial de Comercio (ver el post anterior). La primera de las preguntas decía ¿Es importante la OMC? ¿Por qué?. Aquí les comparto la versión completa de mi breve reflexión


¿Es importante la OMC? una reflexión a 20 años del Acuerdo de Marrakech

La OMC cumple 20 años, y se plantea el interrogante de su relevancia. ¿Es importante la OMC?

Para responder a esa pregunta creo que hay que considerar si hay Estados que deciden integrar la OMC y permanecer en ella? si desde las universidades se estudia a este organismo? si la prensa sigue las noticias de la OMC? o si los gobiernos  asignan presupuesto a analizar el devenir de las negociaciones y procesos de solución de diferencias que tienen lugar en ella?  Si la respuesta a estos interrogantes es afirmativa –y de hecho, lo es- podemos decir la OMC es importante.

En sus 20 años la OMC logró institucionalizar un régimen para el comercio multilateral. Esto es, los Estados que la integran establecieron para sí un conjunto de medidas y pautas de conductas para las relaciones comerciales internacionales, que ha perdurado en el tiempo. A cambio de acotar las herramientas de política comercial externa que pueden utilizar (definir qué instrumento es legítimo utilizar y cuáles no), los países han promovido menores barreras y mayor agilidad en el comercio, y por ende, mayores intercambios; así como mayor transparencia y previsibilidad (tanto al interior de cada Estado, como entre los miembros), y con ello menores costos de operatoria. Asimismo, a través del mecanismo de solución de diferencias, se ha posibilitado que Estados en desarrollo confronten las políticas de los países desarrollados. Con 160 Estados, y más del 95% del comercio mundial, rigiéndose bajo el mismo conjunto de principios, el balance resulta en términos generales, positivo. Pertenecer a este organismo parece resultar más atractivo, que estar fuera del mismo. Ejemplo de ello son las adhesiones de China, en 2001; y de Rusia, en 2012, ambas luego de largos periodos de negociaciones.

Siempre y cuando las políticas comerciales y los flujos de comercio se orienten en función de lo que la OMC establece, ésta es importante. Ahora bien, qué pasa con las nuevas dinámicas que se vienen produciendo en el comercio mundial y en las relaciones comerciales internacionales? Y es que si bien la OMC ha resultado exitosa, su eficacia ha venido cuestionándose en tanto y en cuanto, salvo contadas excepciones, de 1995 al presente dichas no han podido ampliarse ni modificarse las pautas con las que se regula el comercio, aún si este sí ha cambiado. Ejemplo de ello son el fracaso del lanzamiento de la Ronda del Milenio, y el pobre avance de la Ronda de Doha.

Aunque la OMC tiene otras funciones, la de ser foro para las negociaciones externas es la más destacada. Si bien en la OMC se mantuvieron las mismas prácticas de negociación que habían existido hasta 1994 cuando se produjo la creación del mayor volumen normativo de la Organización, desde entonces las modificaciones en las relaciones de poder mundiales (especialmente por el cambio que supuso en la ecuación de poder el incremento de la participación negociadora de los países emergentes) hicieron que tales prácticas pierdan efectividad para conducir nuevos procesos de negociación. Allí es donde creo que surge el principal desafío para la institución, y donde la importancia de la OMC ha sido opacada por cierto desencanto. Su capacidad para regular el comercio, para dar previsibilidad, transparencia y posibilitar la resolución de conflictos depende de que sus normas tengan efectividad; es decir, permitan orientar las prácticas del comercio reales. Mientras que algunas áreas como el comercio agrícola han quedado poco reguladas, otras áreas, como la del comercio electrónico prácticamente ni siquiera forman parte de la agenda de la organización. Si bien Azevêdo logró dotar a la OMC de un poco de aire hacia diciembre de 2013 con el paquete de Bali, el alcance de su liderazgo ha sido limitado. Dicho paquete fue grandemente celebrado porque el horizonte de las negociaciones resultaba muy oscuro, pero en concreto su alcance ha sido escueto; y su ratificación por el Consejo General, bastante más compleja de lo que se suponía.

Frente a ello, algunos países desarrollados están conduciendo negociaciones alternativas fuera de la OMC (las de los llamados acuerdos mega-regionales), planteando la duda sobre un potencial desplazamiento de la importancia del Organismo. Este desplazamiento resulta perjudicial, especialmente para los países en desarrollo, de menor tamaño, como la Argentina. Sin el amparo del multilateralismo las relaciones se rigen por las diferencias de poder relativo, y pocas son las chances de los pequeños de ver sus intereses reflejados en los acuerdos como los Megarregionales. Por su parte, al verse desplazada su capacidad para regular el comercio, la OMC vería afectada sus otras funciones, como la del mecanismo de solución de diferencias.

Si bien el balance de estos 20 años es positivo –la OMC cumple con diferente grado de éxito  todas sus funciones, y su accionar responde a los objetivos que se planteó en su creación-, cuán importante sea la OMC para el futuro depende de estos desafíos. En el corto plazo, la clave de la OMC está centrada en lo que el propio Director General definió como sus prioridades: la implementación del paquete de Bali, y la continuación del programa de Doha. En el mediano y largo plazo el desafío de la OMC es seguir siendo útil en un contexto de transformaciones, manteniendo un enfoque multilateralista para la gobernanza del comercio global.